Puede que el inicio de tu historia no haya sido feliz pero no determina quién eres

Tú decides lo que eres y en quién convertirte de aquí en más.

miércoles, 8 de abril de 2009

otra vez: los malos y culpables somos los adoptantes

El domingo 5 de Abril de 2009, apareció una nota en el diario "El litoral" de Santa Fé: me resulta bastante indignante como la secretaria para el Desarrollo de la Ciudadanía, Patricia Giuricich, vierte conceptos sobre los adoptantes así, tan a la ligera.
En este link http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2009/04/05/sucesos/SUCE-05.html
van a encontrar su nota.
En el día de hoy, un padre contesta a esta señora de la siguiente manera:

Llegan cartas

Hogares de tránsito

Dr. Edgardo Schapachnik

DNI: 4.538.549.

Señores directores: Me dirijo a ustedes en forma impersonal porque el artículo publicado el domingo 5 ppdo. titulado “Adopción: “Teníamos un choque de paradigmas que eran antagónicos’” no está firmado.

Lo hago en calidad de ciudadano común, que no entiende de leyes porque soy médico y lo hago también en mi condición de padre de cuatro hijos, los dos últimos “adoptivos’ durante sus respectivas adolescencias. Les aclaro el entrecomillado de la palabra adoptivos. Lo hice, porque es el lugar desde el cual haré las siguientes reflexiones, aunque simplemente debiera haberles dicho que soy padre de 4 hijos.

La verdad es que me sorprendieron algunas reflexiones de la secretaria para el Desarrollo de la Ciudadanía, Patricia Giuricich, porque me dieron toda la sensación de que son reflexiones teóricas, hechas desde un escritorio, ignorando la realidad de los hogares de tránsito donde pasan años los niños a los que funcionarios como la mencionada le niegan la posibilidad de tener una familia, como lo prescriben los Derechos del Niño, que tienen estatuto constitucional.

Debe ser cierto el dato de que la mayoría de los niños que allí se albergan no son huérfanos, pero nada dice la secretaria de los que están allí por haber sido maltratados, violados o sencillamente torturados.

Porque nadie pretende negar la verdad absoluta de que el primer deber de un funcionario que debe velar por que se respeten los derechos del niño, es intentar restablecer el vínculo con sus familias de origen.

¿Pero qué sucede cuando esto no es posible? ¿O también se trata de restablecerlo a toda costa si hay pruebas fehacientes de vejaciones, malos tratos y abandono moral y físico? ¿Cuáles son las fuentes de las que se vale la secretaria para afirmar acerca de niños que se entregan en adopción y que son devueltos por fracasos?

Puedo ofrecerle bibliografía contraria, ya que sólo 2 de cada 15 niños adoptados no se adaptan a la familia que los acoge.

¿Acaso son preguntados los niños acerca de su deseo de volver al seno de esas familias biológicas, como es su derecho, ya que también los niños son “sujetos de derecho’?

Si un niño pasa su infancia en un hogar, privado del afecto de una familia que desea adoptarlo en aquéllas circunstancias de imposibilidad de restablecer el vínculo, ¿no estará acaso el funcionario de marras, violando la constitución ya que es su derecho establecido el crecer y desarrollarse en el seno de una familia, y mereciendo oír ello ser sometido a un jury de enjuiciamiento?

Me parece, que si la secretaria Patricia Giuricich no modifica su punto de vista para colocarse desde el paradigma de los Derechos del Niño, -que están por encima del que provienen meramente del mapa genético- merecería por lo menos brindar respuestas a la comunidad.

martes, 7 de abril de 2009

Una mamá en el camino de la adopción


Cris comparte con nosotros:

Hace mucho tiempo que mi test de embarazo dio positivo en amor, sí positivo!! una madre se gestó y comenzaba el camino al encuentro. Años de doctrina católica colegial no alcanzaron para encontrar razones ni tapizando de estampitas el rincón vacío en mi corazón.

Era caminar por la calle viendo otros colores, con la sonrisa lista al paso de cada chiquito que se cruzaba, era mirar de reojo los precios de los pañales, y estar atenta a la última tendencia psicológica en la educación, siempre la primera en regalar la cintita roja al bebé que había nacido.....no me impresiona una cesárea y el único miedo que no puedo sacarme es no ser una buena madre.

Mi embarazo es un camino que se llama adopción, y es un camino sin tiempos, incierto, sin “cosas normales”, una sorpresa de principio a fin, con antojos de estrenar el beso de un hijo o hacer pasos cortitos para ir a ritmo con quien me aprieta fuerte con su manito, con depresiones producidas por estafas y burocracias, y tampoco puedo tomar medicamentos porque no hay ninguno contra la injusticia ni la manipulación. Las contracciones son terribles, directas al corazón, lentas y no se pasan enseguida. Y si bien no duermo mucho, sueño tengo muchos sueños, a veces peloteros, a veces delantales, a veces “curitas”, una caricia sin rostro, unos ojos pícaros, y hasta he llegado a soñar despierta. También me preguntan si quiero varón o nena, pero a mí no importan los colores, los celestes o rosas, los dorados o marrones, los blancos o tostados, sólo sé que tu mirada va a ser maravillosa, tus manos las más cálidas, tus besos serán sanadores, y tu risa mágica.

Me encontré con una frase en el informe psicológico ......”ha elaborado bien la pérdida”, ja!!! Claro si las he amasado con lágrimas, con la angustia en la garganta, rabietas, agua bendita, velas, uñas mordidas, un paso adelante, tres para atrás, lectura de bibliografía, frases famosas desde el “por algo será” hasta teorías metafísicas. Las he elaborado y estrujado hasta sacarle el gusto al dolor y el olor a la tristeza. Todo lo que he perdido, todos los errores cometidos, bienvenidos... me ha dejado aquí en este punto del camino, de pie y siguiendo hacia tu encuentro. Hijo no puedo fallarte, aquí estoy esperándote, aprendiendo de cada situación para que cuando llegues pueda darte todo lo mejor, arrancándome las lágrimas para poder verte bien, con la sonrisa más luminosa para que sepas que por tí soy Feliz. El que busca encuentra y con Dios, Alá, Yahvé, mi Alejandro, mi familia y mis amigos estamos buscándote. Con una parte de paciencia, una mitad de esperanza y hasta el borde de amor, nuestro encuentro será muy pronto. Te quiero hijo!!!

1ra vez en casa

Porqué cargamos siempre las tintas contra los adoptantes?

Porqué la culpa siempre la tenemos nosotros? somos el chivo expiatorio de un sistema anacrónico y que no funciona? Siempre somos los delincuentes, los roba bbes, traficantes de personas, discriminamos a los pobres y bla bla bla.
Encontré este mensaje en un sitio, lástima que no dejó más datos para contactarla, por ahí este mensaje en una botella le llegue.
  1. Andrea Dice:

    Angeles de la Guarda

    Estuvimos dos años en la famosa lista de adopción y aunque nosotros no queriamos un bebé sino niños mas grandes nunca nos llamaron, asi que cansados de esperar nos acercamos a hogares y comenzamos a relacionarnos con dos niños que no recibian visitas hacía ocho meses. Los padres biológicos (ambos) vivían a una cuadra del hogar y en ese tiempo nunca pasaron, ni para fiestas, ni para cumpleaños, ni para ver como les iba en la escuela. Nos acercamos al juzgado, nos evaluaron nuevamente (a pesar de que tenian nuestra carpeta y el apto) y nos dieron autorización para llevarlos a casa los fines de semana, vacaciones y fiestas.
    Para las fiestas del año 2004, mientras los chicos estaban en nuestra casa y del juzgado nos habían propuesto una guarda, los padres biológicos recordaron que tenian dos niños en el hogar y los reclamaron ante el juzgado. Fué así que tuvieron que volver al hogar y nos prohibieron la entrada al mismo durante 2 meses, retirandonos todo tipo de autorización para salidas de fines de semana y visitas. Fue terrible lo que pasamos ya que ellos lloraban mucho y nos preguntaban todos los días cuando volvían a casa. Por supuesto a través de la reja del hogar y del lado de afuera no dejamos de visitarlos ni un solo dia, llueva, haga calor o diluvie. En esos 2 meses el juzgado tenía que evaluar la relación padres biológicos - Hijos (los niños fueron abandonados el mayor al año y medio, y la niña a los 2 meses) fueron una vez por año para las fiestas y en el 2004 tenían 5 y 6 años.

    La cuestión que discusión va, discusión viene con el poder judicial de la pcia. de Bs. As. con informes de la institutución y de las maestras de los niños contando el gran daño psicologico sufrido, nos restituyeron las visitas en el hogar, pero no podíamos sacarlos de la institución. Pasaron 3 años de ese incidente, los padres luego de hacerme un piquete en el auto y pedirnos dinero que nunca dimos no aparecieron mas. Todo ese tiempo visitamos a los niños durante tres años todos los días esperando la bendita guarda. El juez nos llego a decir que si el quería mandaba a los niños a otra institución y no los veíamos mas. Que les demos caramelos ya que con eso los niños se calman. Ellos tuvieron que pasar muchas cosas, encargadas que los agredieron fisicamente, ir al juzgado y reclarmar cuando iban a casa con su mamá y papá, entrevistas psicologicas, sociales etc. Se fueron presentando informes y mas informes, todo eso y la gran voluntad de la trabajadora social y el oficial de la causa hicieron que el juzgado se ponga a trabajar en la causa, en ese tiempo la madre biológica tuvo dos niños mas que por supuesto estan en el hogar. El 8 de noviembre, despues de sacarles la patria potestad a los padres nos dieron la guarda provisoria tan esperada. Nos conformamos con poco!!! ya que la guarda es muy cruel y los niños no tienen derecho a reclarmar nada de nada, no heredan de nosotros que por supuesto somos sus padres. Claro que no podemos ni hablar en el juzgado de adopción simple por que se les paran todos los pelos, tendremos una guarda provisoria hasta que los niños tengan 18 años y podamos encontrar darle legalidad a esta familia que por supuesto no va a dejar de pelear nunca!!!

Mendoza: Cinco años hay que esperar para poder adoptar un niño

El caso de la bebé abandonada en los cerros provocó un pico de consultas. La lentitud del sistema legal hace que crezcan las adopciones ilegales. Datos útiles.
16-03-2009

Sara González
sgonzalez@diariouno.net.ar

El tiempo de espera promedio para recibir un bebé por adopción legal se ha estirado más del doble en los últimos años. Hace siete años, la espera promedio de los padres era de dos años, ahora se considera que en promedio ronda los cinco años, aunque puede demandar más tiempo.

Actualmente la lista de espera de parejas o de personas solas que quieren un hijo es de alrededor de 700 inscriptos, pero por año tan sólo unos 50 logran ver su sueño cumplido de adoptar un niño.

El interés por adoptar crece pero la oferta de niños en adopción no acompaña. Este problema desvive a las autoridades judiciales, sobre todo a la titular del Registro Único de Adopción (RUA), María del Carmen San Martín.

En realidad, el problema no es que no haya oferta de niños para adopción. El problema es que muchas adopciones no se hacen en el marco de la legalidad. La venta de bebés o simplemente la cesión de niños en condiciones irregulares sigue siendo una práctica común.

Aunque imposible de cuantificar, el problema persiste, sobre todo por desinformación. Sigue siendo un tabú y se considera “mal visto” dar a un hijo biológico en adopción.

Éste es el prejuicio que sobrevuela en torno al tema –explica la funcionaria– y que hace difícil que la situación mejore.

Hay otro aspecto, no cultural sino legal, que hace que el desequilibrio entre la demanda de los inscriptos y la oferta de niños para adoptar sea tan desigual. Y es que el RUA de Mendoza permite la inscripción de parejas de todo el país, por lo que hay personas que son desde Tierra del Fuego hasta Jujuy.

El motivo por el que ciudadanos de otras provincias se inscriben acá, en lugar de hacerlo en los registros de adopción de sus respectivas provincias, es que “este registro adquirió fama de trabajar con agilidad”.

Es una paradoja, más gente se inscribe porque tiene fama de trabajar con agilidad pero la creciente demanda hace que los períodos de espera sean cada vez más largos, sostiene San Martín.

Desde el punto de vista jurídico, la ley nacional de adopción permite que un ciudadano argentino se inscriba en cualquier registro del país, por lo tanto en Mendoza lo que se intenta es regular las inscripciones de los foráneos para evitar que el registro siga un equilibrio entre la demanda de mendocinos y de otras provincias.

“Damos turnos diferidos, para evitar sólo inscriptos de afuera. La semana pasada hubo diez personas de afuera”, señala.

Según expresa la funcionaria, el registro de Mendoza está bien catalogado entre el resto de las circunscripciones judiciales del país por el número de adopciones que concreta anualmente. “Acá hacemos 50 adopciones por año y Buenos Aires concreta 2 o 3 por año”, explica. “El 20% de los inscriptos que tenemos es de otros lugares del país”, indica.

San Martín se refiere al RUA que incluye al Gran Mendoza y Lavalle, donde se concentra la mayoría de los inscriptos, que son alrededor de 550.

En las otras tres circunscripciones judiciales hay otros 175, 80 en Valle de Uco, 60 en zona Sur y 35 en zona Este. Para inscribirse en estos registros hay que tener domicilio real en la zona de injerencia del registro pertinente.

Cálidos relatos de chicos felices

Los relatos que se transmiten a continuación son testimonios de los chicos adoptados a través de Anidar, publicados en el espacio "Los chicos nos dicen" de la revista institucional de la organización.

"Hola, soy Carolina, tengo 11 años. Ahora estoy orgullosa de mis padres que me quieren y me cuidan, y no como los de antes, que me abandonaron. Ser adoptada es lo mejor porque formamos una familia genial." Carolina, adoptada a los 6 años.

"Hola, me llamo Florencia y tengo 10 años. Han pasado dos años desde que me adoptaron a mí y a mi hermano. Sé que tengo todo el amor de mi mamá y de mi papá que tengo ahora. Ser adoptado es lindo, porque sentís que tenés el amor de otra persona, y después te vas acostumbrando a tu nueva familia. Hay gente que los espera con los brazos abiertos, en el mundo hay mucha gente que espera tener un hijo como ustedes. Espero que tengan mucha suerte y que puedan tener una familia. Con amor y de todo corazón. Flopi."

"Yo me llamo Sofía, tengo 6 años. Les quiero decir a los chicos que todavía no fueron adoptados que no tengan miedo de que los elijan porque no los van a tratar mal. Es muy lindo tener una familia, te compran ropa, juguetes y te dan mucho cariño. A los papás que quieren adoptar les doy un consejo: que sí adopten aunque los chicos no sean tan lindos como ellos quieren o sean un poco groseros, porque eso se educa y se arregla con amor. Eso es lo que les quería contar, y que sean felices con la familia que van a formar. Sofía."

"Este pedacito de mi carta se la dedico a los jueces. Quería decirles que me parece mal dejar a un chico sin familia, en un hogar o con ama externa. Por ejemplo, mi hermano hasta los dos años no tuvo familia. No quiero que ningún chico sufra por eso. También quería decirles a las señoras que no pueden tener hijos en la panza que adopten, porque hay muchos chicos que necesitan papás y es una manera más de formar una familia y ser feliz. Luciana, 11 años, fue adoptada cuando era una beba.

lunes, 6 de abril de 2009

Carta a mi hijo adoptado


Carta a mi hijo adoptado es un libro de Pilar Rahola.

He aquí varios fragmentos:

Durante los tres años y medio que duró el proceso tú sólo fuiste el deseo fuerte, persistente y tozudo de tenerte. Fuiste una voluntad. Sin embargo, amor, casi de golpe, (...), cuando un día nos llamaron y nos dijeron que estábamos a punto de conocer a nuestro hijo, ¡qué miedo aterrador! (...) No sabría explicarte cómo se puede sentir una alegría desbordada, una especie de frenética felicidad, casi infantil, y a la vez un profundo temor, pero así fue. (...) El miedo a saber cómo serías. (...) Miedo a mí misma, de no saber estar contigo, a la altura de unas circunstancias que desconocía, que había escogido y que, sin embargo, no dominaba. (...) Eras nuestro hijo, pero ya habías andado una parte del camino sin nosotros, y esa pequeña parte andada nos pesaba como una losa. Nos pesaba y... nos hería. Recoser, recoser rápidamente la herida abierta, entre aquel instante en que naciste y el momento en que nacías con nosotros: a este pensamiento dediqué buena parte de mis energías y casi todos mis recursos mentales, emocionales, pasionales. Estábamos dispuestos y encantados de sobreponer la alegría de tu llegada a los miedos y a las preguntas. Pero no sabíamos qué significaba todo ello, ni sabíamos cómo lo haríamos. (...)

Hijo mío desde el instante en que cruzamos la mirada. Hijo mío desde que encuadraste tu curiosidad en el ámbito de la ventana, y sólo nos mostraste medio rostro, rechazándonos y llamándonos, queriéndonos y negándonos... (...) Toda la desconfianza en tu mirada. ¡Estabas tan inmensamente solo! Pero ¡tenías tanto miedo a estar mal acompañado! que no nos quisiste..., abrazado a la responsable del centro donde habías vivido tu año y medio de vida... Abrazado a lo conocido. Te habíamos comprado una pequeña moto, motorista incluido, que te enseñamos como reclamo. Fue nuestro primer lenguaje, el primer beso, el primer abrazo antes de abrazarnos tanto, ese juguete que te cabía entero en la manita y que, durante tres días enteros, no dejaste ni un momento.

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Tú ya tenías nombre. Recuerdo perfectamente la frase de la psicóloga (...): “Su hijo no viene vacío de equipaje a la vida que va a vivir con ustedes. Ya lleva una maleta con cuatro cosas. Y una de las pocas cosas que ya sabe que tiene es su nombre. Sabe perfectamente cuál es su nombre, y quizás su nombre es lo único que tiene realmente seguro”. La adopción no es un nacimiento, sino una continuidad: este principio básico es, quizás, aquello que más nos gusta ignorar cuando nos enfrentamos a la experiencia adoptiva. (...) Camino ya andado. Vida ya vivida. Un nombre para resumirla. (...) Tu nombre era Noé.

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La psicóloga nos avisó de que los niños que habían sido muy infelices se volvían tremendamente desconfiados y adustos cuando empezaban a bordear la felicidad. Se autoprotegían. (...) A vosotros os tenemos que enseñar qué quiere decir ser feliz. Porque no sabéis ser felices. La felicidad, seguramente, es una forma de relacionarse con la vida; es más una gramática cotidiana que un instante de plenitud.

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¿Cuándo tiene que saber Noé que es un niño adoptado? Tiene que saberlo siempre.

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¿Cuándo es idóneo dar a conocer los detalles de vuestros orígenes? Cuando los reclaméis.

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Los niños como tú sois auténticas esponjas de amor (...), y cuando os lo damos todo, aún pedís más. Nunca antes había visto una sed de amor como la tuya.

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Me dijeron que los niños que habéis tenido una ‘primera’ vida sin demasiado amor -o sin nada de amor-, siempre mantenéis vivo el recelo, incluso cuando ya estáis plenamente adaptados. No tengo esta impresión en el presente (a tus ocho años), ahora que te veo tan (...) integrado (...). Pero es verdad que durante años, especialmente de noche, me has preguntado si me iba, y sobre todo, si volvería. (...) Como si recelases del punto de felicidad que finalmente habías conseguido. Como si recelases, amor, de tener una madre, un padre, una hermana, una familia para siempre. Probablemente de lo que no te fiabas era de eso: de que no fuera todo lo que tenías una simple excepcionalidad. Desconfiabas, Noé, de la normalidad. Por suerte (...) ya no veo en ti esa desconfianza, pero continúo notándote más sensible de lo que sería habitual en un niño de tu edad. (...) Por ejemplo, si por la televisión pasan la imagen de algún niño que sufre, te preocupas mucho más de lo que corresponde a un niño, te pones nervioso, me haces preguntas atolondradas (...). Transmites, a través de los niños que ves padecer, la memoria de tu propio dolor. (...)

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Los niños adoptados acabáis pareciéndoos físicamente a vuestra parentela. (...) El niño acabará teniendo el aire de familia (...).

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La condición adoptiva renace en los momentos en que se rompe alguna cosa. (...) Cualquier golpe realmente duro en la vida de un niño adoptado (...) representa revivir los miedos, reabrir el enorme abismo de tus ansias pasadas, de la vida antes de la vida finalmente feliz.

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Has tenido la tentación de atribuir a la peculiaridad de tus orígenes cualquier dificultad surgida. También nosotros, inevitablemente.

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Nunca me ha dado miedo enfrentarme a tu deseo de saber quiénes son tus padres biológicos, si es que finalmente tienes algún interés. Los expertos dicen que la mayoría de los niños adoptados tienen curiosidad por sus orígenes en la adolescencia (...). Estamos sólidamente trabados por una red de amor tan estrecha que no se me ocurre ninguna contingencia capaz de destruirla. (...) Sin embargo, sí que hay una angustia de futuro, una pregunta en el futuro que reconozco que no acabo de controlar, que está presente como un desagradable parásito. (...) No sé exactamente cómo viviremos el conocimiento de la existencia de hermanos. Aún no sabes que tienes un montón de hermanos, todos ellos repartidos en casa distintas. (...) Niños todos abandonados, a menudo maltratados, desnutridos, cargados de toda la tragedia que habita en la marginación. (..) Todavía no has hecho preguntas sobre tu familia de origen. Y este es un matiz cargado de sentido: quizás explica que, de momento, lo único que te interesa es saber cómo has llegado a casa, pero no quieres saber nada de lo que te pasó antes de llegar.