Puede que el inicio de tu historia no haya sido feliz pero no determina quién eres

Tú decides lo que eres y en quién convertirte de aquí en más.

Mostrando entradas con la etiqueta historias de vida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta historias de vida. Mostrar todas las entradas

domingo, 15 de noviembre de 2009

Queria dejarles mi mensaje en un botella...

Así empieza un mail que recibí.
Siempre hablo que debemos diferenciar una adopción de una apropiación, siempre hablo de la importancia para mí de que mis hijos conozcan sus orígenes, para que los ayude en su vida a tomar las decisiones correctas.
Sin más, les transcribo el mail, y le agradezco a quien lo envió por compartirlo

Hola!
Queria dejarles mi mensaje en un botella.
Yo tambien tengo un blog, que se llama, la incompleta k
(http://laincompleta-k.blogspot.com)
Nunca sentí que me faltara nada, nunca sentí que fuese diferente a mis padres, mi entorno familiar era mi gran refugio, mi columna, y mi fortaleza. Hace dos años me entere de que era adoptada, y solo por casualidad, hoy tengo 29 años, el día que me entere fue por que mi primo me lo dijo, lo escucho hablar a su hermano contando que mi hermana y yo éramos adoptadas. Yo lo tome como una broma y lo comente en mi casa, a los pocos días, mi mama me dice, que lo que me iba a decir, solo me lo iba a decir una única vez y que jamás lo iba a volver a repetir. Me contó que mi hermana y yo éramos adoptadas, que cuando mi hermana tenia 9 años, ella se coloco un almohadón para simular un embarazo, todos creyeron ese embarazo, yo misma lo creí. Una de las cosas que también me había comentado era que mi abuela me había escrito una carta explicándomelo todo, lastima que esa carta hoy ya no existe y jamás pude leerla, me dijo que yo había nacido en Ostende, que no sabia nada acerca de mis progenitores, de que en esa época existían muchísimos prejuicios acerca de los chicos adoptados, según me dijo era que te apuntaban con el dedo en la calle y te rechazaban, que mi hermana jamás supo que yo era adoptada, otros de los pretextos que uso era que mi hermana jamás aceptaría una hermana adoptada, que mi papa no podía hablar de este tema, por que lo amargaba y no lo ponía feliz, que ellos me lo entregaron todo, y que por eso tenia que estar agradecida, yo aun shokeada por la idea, no pude decir nada mas que mentira

Que lo que decía era mentira, con que propósito alguien te dice esto 27 años después, realmente te caga la vida, y te la caga.

Yo sentí que mi realidad se me había caído en los pies, me sentí una creación falsa, una mentira, la seguridad y confianza que yo tenia en mi misma se fue en un abrir y cerrar de ojos, ya no me conocía, y a ellos menos.

Cuando era chica mi infancia siempre fue feliz, pero siempre a la vez fue bastante rígida, si bien en cada etapa de mi vida tuve que pasar por momentos muy difíciles, de alguna manera los había pasado, pero creo que ninguno de ellos fue tan duro como el que me toco en mi adultez, por que me preguntaba si yo no era yo, entonces quien era, una locura total. En mi casa todo tenia que estar moralmente aprobado, pulcro, prolijo, perfecto, 10, lo mejor de lo mejor, la creme de la creme, yo nunca fui un 10, mi hermana se aplicaba mas eso, pero no yo, Me acuerdo de mi mama rompiéndome las hojas de mi cuaderno de primer grado para que las reescribiera por 10 vez por que no estaba prolijo. Jamás iba a estar prolijo, o los consejos que siempre me daban, no hagas las cosas mal, no te equivoques por que vos sos el reflejo de nosotros, o como se me iba a ocurrir ya en la adolescencia salir un jueves a la noche, estaba re loca. A lo que voy es que me hice de mi tiempo para hacer lo que quería, dándoles la razón y haciendo lo contrario, lo que quiero decir es que en este lugar al que todavía llamo casa, y a sus ocupantes les digo familia, los quiero muchísimo, pero no dejo de sentirme como una mascota, que nacio de un lugar inerte y sin vida que se llama el almohadón. Después de que me contó sobre mi adopción, la vida cotidiana continuo como si ese día jamás hubiese existido, pero yo empecé a encerrarme mas, en mi no solo había nacido una bronca, (que hasta hoy me acompaña) sino que había un terrible vacío que me quebraba, las dudas que volaban adentro de mi cabeza, que cada vez fueron mas, los miedos, y también la culpa.

Yo jamás lo pude hablar con nadie, ni siquiera con mi hermana, por temor a su rechazo, por esa idea que germino mi mama en mi cabeza, a la única persona que se lo dije fue a una amiga, que aunque no tenia mucho tiempo de conocerla, me generaba una seguridad y confianza increíble, una de las cosas que mas me acuerdo de esa primera vez que se lo dije fue que me contó que en la puerta de su casa, había un árbol, que en una tormenta se cayo, y se le había cortado la raíz en la caída, pero que lo volvieron a plantar y siguió creciendo hasta el día de hoy, que no se necesita de una raíz para poder seguir creciendo, me había emocionado muchísimo, pero cada vez mas me afiance al pasado, y sobre todo a buscar esas raíces. Me había vuelto totalmente hermética, envenenada de bronca, incapaz de exteriorizar todo lo que en mi interior pasaba, me costaba muchísimo hablar, expresarme, poder decir lo que quería, me moría por gritar romperme a llorar y no me salía nada pero para nada, me fui tragando todo, hasta sentirme llena de eso y de solo poder pensar en eso, y todavía me pasa, aunque ahora puedo hablar un poco mas o por lo menos decir que me muero de bronca.

El tiempo fue pasando y solo me concentre en eso, para mi no puede haber una continuidad sin un principio, por que me postergo y por que me castigo, como si yo también fuese responsable. Aunque intentaba e intento seguir con mi rutina, esto siempre me acompaña, y me privo de muchísimas cosas, mis castigos son duros y muy míos, aunque mis amigas pueden verlos, sufro muchísimo cuando repito este tema con ellas por que tengo miedo que se cansen de mi y de mi veneno.

El 29 de Septiembre por fin decidí ir a Abuelas de plaza de Mayo, me encontré con un lugar lleno de lucha, lleno de hambre por justicia, y a la vez muy tranquilo calido y sereno, había ido sola, me hubiese gustado no haber tenido que ir sola, pero así tuvo que ser y no me arrepiento. La espera me causo una ansiedad que no creí que iba a tener, unas ganas de levantarme y salir por la puerta. Pero digamos que me lo banque, no sabiendo lo que venia, cuando hablo con Marcos, mi entrevistador, le presento una copia de mi certificado de nacimiento ( que para esto me costo como una semana revolviendo mi casa), le doy mi DNI y me pregunta por que había ido, como era una parte de mi historia, al ver mi certificado me comenta que era ilegal, por que tenia que figurar que era adoptada y no hija legitima, estaba anotada como hija legitima, le llamo la atención que dijera circunscripción nacional, y la dirección que figuraba como el lugar de mi nacimiento, una dirección en capital, cuando lo chequea en la PC, recuerda que ese lugar se llamaba Clínica Segurola, un lugar que no existe mas, que había gente que llegaba a Abuelas con la misma dirección, 4 – 5 personas, pero al ser un certificado trucho, lo mas probable es que no haya nacido ahí, o tal vez si, ósea que cada vez mas Ostende quedaba mas lejos, que probablemente mi fecha de nacimiento no sea la que figura ahí, y que la medica que figura como que estuvo presente en mi parto, realmente no existe. No lo podía creer, y yo que me tire a la pileta pensando que sabia nadar, Marcos me comento las posibilidades que tenia, y me propuso que si yo quería hacerme el estudio de ADN, que podría ser importante que me lo hiciera, accedí a hacérmelo. Ahora solo hace falta esperar, a ver que resultados pueden ser. No quiero pensar en los resultados, no quiero mas ansiedad, solo quiero sacarme el veneno para poder continuar, para mi el conocer mi inicio es importante, me pregunto que clase de mujer habrá sido mi madre, me pregunto si alguna vez, mientras me gestaba en su panza, se habrá imaginado un nombre para mi, o se habrá imaginado el color de mis ojos, la forma de mi sonrisa, el color de mi pelo, o que clase de proyección de mi persona habrá podido tener, o que es lo que deseaba para mi y también por que no, para las dos. Me queda mucho por desenterrar, mi problema es vivir en el pasado estando en el presente, por que puede ser que jamás sepa nada, y todo lo que perdí no lo voy a volver a recuperar nunca.

Y ahora solo queda esperar.
kboom s

lunes, 2 de noviembre de 2009

Madres sin fronteras

Dos argentinas se animaron a adoptar en Haiti: esta es su historia.
Fuente:http://www.parati.com.ar/nota.php?ID=10959

Dos mujeres decidieron adoptar en Haití. Después de intentarlo biológicamente y luego de descartar la adopción en la Argentina debido a todas las trabas que les ponía la Justicia local por ser mujeres solas, Alejandra y Mariana –son hermanas– finalmente encontraron a sus hijos en uno de los países más pobres del planeta: Haití. Dos historias que hablan del deseo de maternidad, de la problemática que plantea adoptar en el país, y de una búsqueda de amor y felicidad tanto para hijos como para padres adoptivos

Maki Sue señala el mate y reclama: “¡Mío, mío!”. Luego sorbe de la bombilla, traga gustosa la infusión más típica de estas tierras y con una sonrisa blanca y luminosa dice “Rrrracias”. Christ sólo abandona los dibujitos ante la promesa de que habrá fotos. Adora posar para después chequear el resultado en la cámara digital, y en cada captura juega a darle distintas muecas a su cara color ébano, en la que resalta una mirada profunda. Los dos nacieron en Haití, uno de los países más pobres del planeta, y peleaban día a día por seguir vivos en un orfanato hasta que dos mujeres argentinas eligieron ser sus mamás. Mariana (47) –mamá de Maki Sue, de un año y medio– y Alejandra (42) –mamá de Christ, de dos años y medio– son hermanas y lo único que las mueve es contar dos historias de sueños, decepciones y, hacia el final del recorrido, de felicidad. “Queríamos ser madres, pero no nos resultaba fácil: pasamos por tratamientos, con la ansiedad y las decepciones que eso implica, y cuando quisimos adoptar en Buenos Aires nos dijeron que por ser familias monoparentales y no matrimonios la espera podía durar años… O no terminar más”, admiten. Alejandra es diseñadora de indumentaria, Mariana artista plástica. Ambas sintieron el deseo de tener hijos solas, a una edad en la que el reloj biológico señala que los tiempos se acortan. Por eso, enseguida evaluaron la posibilidad de la adopción, a pesar de que la espera para que un chico sea asignado vía judicial en la Argentina puede tardar más de cincos años. “Cuando vi que acá existía tanta demora, desatención e incluso maltrato, empecé a buscar información sobre adopciones internacionales –cuenta Alejandra y explica que así apareció una posibilidad viable: Haití–. Se acercaba a mis posibilidades, así que comencé a contactarme con los orfanatos vía mail. Algunos no me aceptaban porque no era religiosa. Otros, porque era argentina y sólo trabajaban con canadienses o norteamericanos. Hasta que finalmente di con el Ruuska Village, un hogar cuyo único interés es encontrarle una `Forever family´ a sus chicos”. Así empezó a buscar a su bebé: armando carpetas, respondiendo test psicológicos por internet, cruzando los dedos. Había pedido un varón y cuando vio a Christ a través del listado de fotos que el orfanato le envió, sintió que el corazón le daba un vuelco. Era él. Viajó a conocerlo, luego a festejarle su primer cumpleaños y a los siete meses de haberle sido asignado por la institución, lo buscó en Puerto Príncipe (la capital de Haití) para traerlo por fin a su casa de Olivos. Mariana, su hermana, la acompañó en ese viaje y, al ver a Maki Sue en el mismo orfanato de su sobrino, no tuvo dudas: esa sería su bebé. Y así comenzó su propia espera.
En general, desde el inicio del trámite hasta la tenencia transcurre alrededor de un año, tiempo en el que lo único que se tiene es una foto de la criatura asignada. “Miraba su imagen todo el día, encontrándole detalles nuevos. Empezás a crear un vínculo de amor con esa foto, que es lo único que tenés hasta que te llegue el momento de abrazarlo definitivamente. Es extraño, pero maravilloso”, confiesa Alejandra, que ya consiguió que la Justicia argentina revalide la adopción de Christ.

No es raro que al verlas por la calle, alguien les haga un comentario o una pregunta acerca de la nacionalidad de los chicos, e incluso las comparen en broma con Angelina Jolie. “En general, nos dicen cosas buenas. Pero también hay quienes consideran que forma parte de una moda. ¿Cómo alguien puede pensar algo tan frívolo? Nosotras lo hicimos porque en la Argentina nos cerraron las puertas”, señala Mariana y, con un dejo de tristeza, agrega: “Maki ya sufrió discriminación en una plaza: una nena no la dejó jugar con su hermanito alegando que ellos eran argentinos. Primero me angustió, pero después me dije que tengo que ser fuerte. Por ahora, nuestros hijos son chiquitos, no sé qué va a pasar cuando crezcan. Nosotras, como mamás, vamos a tener que trabajar desde el amor para que ellos sepan que fueron muy deseados”.

Como ocurre en la mayoría de las adopciones no habrá parecido físico, pero es un hecho que los dos tienen gestos de sus mamás: él es tranquilo; ella movediza. “Cuando la directora del orfanato me entregó al nene le dijo: ‘It’s your mamma’ y entonces Christ se me acurrucó en el pecho. Fue un encuentro tan esperado... Sentí que siempre había sido mi hijo”, se quiebra Alejandra. Mariana también recuerda el día en que fue a buscar a Maki Sue para traerla a la Argentina y los ojos se le llenan de lágrimas: “Me angustiaba la posibilidad de no tener hijos. La maternidad me dio una felicidad indescriptible. Fue muy duro el proceso de hacer tratamientos, esperar una adopción acá durante años y después pasar otro más viajando a Haití para ver a la nena y volviendo sin ella. Dejarla ahí me rompía el corazón. Es muy dura la realidad de los chicos que viven en orfanatos: no bien llegás se te pegan, necesitan contacto físico”. Antes de regresar, Mariana aceptó conocer a la madre biológica de la nena y sacarse una foto con ella para guardarle a su hija: “Ella me abrazó fuerte, sin tristeza. Entendí que quería darle a Maki Sue un futuro”, se conmueve.

Debido a la crítica situación que atraviesa el país, existen alrededor de 600 orfanatos destinados a asistir a chicos abandonados. En su mayoría, se trata de acciones privadas de misioneros extranjeros que no reciben apoyo del Estado. “Hay de todo: chicos de quienes no se sabe quiénes son los padres, otros que tienen papás pero no pueden o no quieren cuidarlos, y otros cuyos padres murieron de hambre o víctimas de la violencia. Hay mucha gente que entrega a sus hijos para que el hogar los ayude a sobrevivir”, narra Alejandra y Mariana agrega: “Son espacios indescriptibles: el olor, el hacinamiento, la falta de recursos. Algunos orfanatos cobran una donación para que ese dinero, además de cubrir los costes legales, sea destinado a la manutención de los chicos que se quedan. Es que falta de todo”. Cuentan que la directora del orfanato que les entregó a los chicos se llama Bárbara Walker, es norteamericana, siempre viste de color azul por considerarlo bíblico y se ocupa personalmente de atender todos los pedidos de adopción. “Ella no deja carpetas cajoneadas: sabe que cuanto más tarde el proceso, va a ser peor para los chicos. Trabaja de sol a sol”, destacan las hermanas y lamentan que en su propio país las adopciones sean tan complicadas. Por esa razón, Alejandra explica que ellas no son las únicas que decidieron adoptar en Haití: “Creamos un blog que dio lugar a un foro del que participan otras 18 familias argentinas. Además de dar información compartimos vivencias, nos aconsejamos y brindamos apoyo a quienes tienen deseos de recorrer el mismo camino pero no saben cómo”.

Hacia el final del relato, tanto Alejandra como Mariana demuestran que aquello que les había parecido tan difícil al principio, finalmente se concretó en esos dos chicos que corren riendo a carcajadas por el jardín. De a ratos jugando o mirando absortos el vuelo de una mariposa; de a ratos peleando por el triciclo o por un muñequito. “Maki Sue es la hija que siempre quise tener. Es intensa, cariñosa, divertida…”, define Mariana y su hermana menor concluye: “Estoy muy orgullosa de Christ por haber sobrevivido con valentía a tantas cosas. Pero por sobre todo por haberme adoptado como madre, dándome una felicidad infinita”.

lunes, 12 de octubre de 2009

La larga lucha por convertirse en padres

Fuente:http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1185420

El testimonio de quienes lograron la adopción y de los que todavía aguardan, esperanzados, el llamado de un juzgado

Desde hace nueve años, Natalia Zárate persigue un sueño. Un sueño que le es esquivo, ya que ni la naturaleza ni la ciencia ni la Justicia logran, por el momento, hacerlo realidad. Pero, tras tres operaciones, dos tratamientos de fertilidad, miles de pesos menos y varias carpetas presentadas, no baja los brazos.

"Desde los 25 años busco ser madre. Yo tengo endometriosis, que provoca infertilidad. Lo loco es que para solucionar el problema te dicen que tenés que quedar embarazada", cuenta desde San Luis.

En 2002 se realizó una fertilización asistida y no dio resultado. Entonces, surgió la idea de intentar el camino de la adopción. "Ya hace más de tres años que estamos anotados en el registro de San Luis, donde la espera es de 6 a 8 años. Y en provincias como Córdoba se habla de demoras de 8 a 10 años. Aunque esto es mucho para una pareja, para un niño es toda su vida."

A medida que pasa el tiempo, Natalia y su marido van al juzgado a llenar más y más casilleros. "Al principio todos ponen entre sus deseos que sea un bebe sano, pero a medida que va pasando el tiempo te vas flexibilizando. La última vez pusimos que estamos dispuestos a adoptar hermanos de hasta seis años con problemas sociales", contó.

Para Natalia, tener un hijo biológico y un hijo del corazón sería su familia perfecta. Desde su blog www.unailusionporllegar.com.ar , mantiene vivo su sueño. Y no baja los brazos.

* * *

Sabían que no podían tener un hijo biológico, pero ellos querían formar una familia. Gladys Santiago y su marido se anotaron en el Registro Unico de Aspirantes en 1998, y si bien la espera demoró menos de lo que muchos auguraban el camino de la adopción fue difícil. "Una espera dura y angustiosa, donde en lugar de recibir contención y apoyo te responden con maltratos y agresiones", cuenta a La Nacion Gladys, madre de Matías, de 9 años.

Su búsqueda comenzó cuando ella tenía 38 años. "Lo primero que me dijeron era que ya era vieja para adoptar y que seguramente tardaríamos muchos años", recuerda. A partir de ahí, la peregrinación fue incansable y la pareja comenzó a recorrer los juzgados de casi todo el país.

"Me anoté en todos los juzgados posibles y comencé a descubrir un circuito de inoperancia y otro camino paralelo, el de la ilegalidad. Enseguida descubrí que podía tener un hijo rápidamente a cambio de dinero, pero nosotros queríamos un hijo parido desde la verdad", reflexiona.

Después de varias visitas al juzgado de Misiones, una tarde sonó el teléfono. "Nos llamaron para avisarnos que había un bebe en el hospital, recién nacido. Al día siguiente tomamos el avión, y cuando llegamos nos encontramos con un bebe sietemesino de casi 900 gramos de peso, al cual su madre había entregado en adopción."

Matías había nacido con prematurez extrema y una gran cantidad de complicaciones. "Tomaba leche a través de una sonda, pero la vomitaba y no la podía asimilar. Entonces lo levanté y me lo puse en el pecho, y lentamente a partir de ese momento comenzó a resistir la leche a través de la sonda gástrica. Al otro día firmamos los papeles, mi marido viajó a Buenos Aires y yo me quedé con él hasta que tuviera un peso adecuado para trasladarlo."

Luego se internaron en el Sanatorio Otamendi "y en un mes Matías llegó a los 2,150 kilos", cuenta Gladys, que revive con emoción el día en que Matías tomó por primera vez la mamadera. "Recién ahí pude llorar... Hoy Mati tiene 9 años y ya me llega a los hombros. Y desde el día en que lo conocimos le hablamos con la verdad."

Oscar tiene 8 años. Los mismos que Viviana y Julio Godoy, un matrimonio de la ciudad de Santa Fe, estuvieron anotados en los registros de adopción de varias provincias. Los mismos que hoy, tras la llegada del hijo tan deseado, parecen pocos, porque la felicidad borra cualquier momento difícil del pasado.

Viviana y Oscar casi habían perdido la esperanza de convertirse en padres. "De los juzgados nos llamaban por chicos de 12 o 13 años, y nosotros queríamos uno que tuviera como máximo 3 o 4 años", explicó Viviana. Pero un día los llamaron del hogar Estrada para invitarla a una charla con padres adoptivos. Y todo cambió.

"Ahí vi a un nene de casi 7 años. Era Oscar, y me enamoré. Era igualito a mi marido, Julio. El parecido físico era increíble. Recuerdo que me dije «es él»."

Pero Oscar, que fue abandonado cuando tenía seis meses, no quería saber nada con tener una familia. "Sufrió mucho. El decía que iba a quedarse a vivir siempre en el hogar. El proceso de vinculación fue muy lento, empezamos a relacionarnos muy de a poco. Hoy el vínculo está creado, ya nos llama mamá y papá", contó emocionada Viviana.

Julio, que era reacio a adoptar chicos grandes, reconoce lo equivocado que estaba. "Yo quería un bebe porque quería criarlo a mi manera. Hasta que conocí a Oscar. Me animé a adoptar a un niño de 6 años y lo agradezco. El primer día que dijo «papá» fue maravilloso. Nosotros nunca lo presionamos para que lo hiciera, le dijimos que lo dijera cuando lo sintiera. Y así fue. Fue algo increíble."

domingo, 6 de septiembre de 2009

Testimonio de una mujer chilena que da su hija en adopción

“Amaba a mi hija, pero no soportaba tenerla cerca"

Liliana tiene 36 años y decide cambiar su nombre para poder contar su historia sin posibilidades de represalias. A los 32 tuvo a su primer hijo. En ese entonces no tenía ningún tipo de apoyo de su pareja ni de su familia, sin embargo, salió adelante gracias a su empuje y también debido a que en su trabajo había una sala cuna, algo que le facilitaba bastante la vida.

Sin embargo, unos años más tarde, conoció a una nueva pareja con el cual quedó nuevamente embarazada, esta vez de una niña, la que finalmente decidió dar en adopción en mayo pasado. Este es su historia en primera persona.

“Luego de haber pasado un tiempo sola, y ya cuando mi hijo tenía dos años, encuentro a una pareja, pero al poco andar, me di cuenta que no era lo que esperaba en cuanto a alguien en quien apoyarme. Además sufrí violencia de parte de él, más sicológica que física Sin embargo, cuando ya había pasado esto, ya estaba embarazada.

No quería estar embarazada de una persona a la cual no quería, entonces decidí que iba a abortar y él me amenazó y me dijo que si yo hacía algo me iba a denunciar. Me dijo que me iba ayudar y todo, pero eso nunca pasó, después de esto nunca más supe de él”.

Sentía igual que si hubiese quedado embarazada víctima de una violación, siendo que fue producto de una relación sexual consentida. Yo, por nada del mundo, quería tener otra guagua, no quería volver a ser mamá. No quería sentir la sensación de estar embarazada, no quería pasar por el proceso. Entonces cada vez comencé a acumular más rabia, de ver que todo iba en contra.

Fue así que encontré la Fundación San José, donde me apoyaron mucho y me acogieron. Finalmente decidí que quería dar a mi hija en adopción. Desde que supe que estaba embarazada, supe que era niña, entonces eso lo hacía más terrible, porque se empezaron a abrir heridas de mi pasado, y ahí se producía todo el rechazo, aún así me cuidé durante el embarazo.


Cuando la tuve, en el hospital donde me tocó dar a luz, la recepción fue muy buena, las matronas, la asistente social fueron increíbles, me trataron mucho mejor que una mamá común y corriente.

Pero aún así lo único que veía en mi hija era la cara de él, entonces no podía, acercarme a ella, de una manera que no sentía, no podía estar cerca de ella. Aunque en el fondo, la amaba, no podía sentir un vínculo producto de todo el maltrato que recibí de parte del progenitor.

Ahora, si bien fueron amables conmigo en el hospital, no fue lo mismo con los jueces, las actuarias del Ministerio de Justicia, a quienes te tienes que enfrentar durante el proceso de adopción. Ellos sólo quieren ver lo que les dicen sus creencias. No ven todo los funcionarios y agrupaciones que están detrás de esto, como que los miran en menos, salvo cuando está involucrado el Sename, como que no quieren creer que lo que estás haciendo es convicción, sino que simplemente estás loca.

De hecho el tribunal, primero investigó en mi familia biológica para ver si alguien podía cuidar de mi hija, pero a la única que tengo es a mi mamá, que efectivamente se hubiera quedado con ella, pero no podía porque es una mujer de 71 años, por lo que no era posible.

Pero hay otros tipos de prejuicios, sobre todo de las personas que están más cerca de uno, por ejemplo, tuve que tolerar muchas humillaciones, es imposible que alguien sepa lo que estás sintiendo porque no están dentro de tu corazón. Todo lo que hice, lo hice porque necesitaba proteger a mi familia, es decir la hija que di en adopción, a mi hijo y a mí, estoy segura que si hubiese seguido adelante el proyecto de quedarme con ella, hubiésemos muerto todos juntos.

Mi mamá sabe y si bien me criticó en un inicio, después me apoyó. Mi hijo de dos años, como me vio embarazada, sabe que tiene una hermana, pero dice que luego de salir de mi guatita, sus padres la vinieron a buscar.

Esto no fue fácil para mí, y será siempre una herida que llevaré dentro, pero me siento muy tranquila con la decisión que tomé y lo volvería a hacer si fueran las mismas circunstancias. Ahora, siento que es importante que la sociedad respete la decisión de la mujer. Creo que debería bastar con que la mujer no quiera tener un hijo, pero no…. por ejemplo la sociedad hoy te impone que no te puedes operar para tener más hijos salvo que puedas cumplir con un requisito de edad, de hijos. Hay mujeres que no se sienten preparadas para enfrentar la maternidad y eso es válido independiente de la edad que tenga".

Fuente:http://www.terra.cl/zonamujer/index.cfm?id_cat=2007&id_reg=1249116&pagina=1


miércoles, 5 de agosto de 2009

una forma de mirar la vida

Esto me lo alcanzó Lorena, me pareció sumamente interesante para compartir, un poco largo, pero vale la pena leerlo:

A continuación el discurso de la Ceremonia de Graduación en la Universidad de Stanford por Steve Jobs, CEO de Apple Computer y de Pixar Animation Studios, pronunciado el 12 de junio 2005.

Me siento honrado de estar con ustedes hoy en su ceremonia de graduación en una de las mejores universidades del mundo. Yo nunca me gradué de una universidad. La verdad sea dicha, esto es lo más cerca que he estado de una graduación. Hoy deseo contarles tres historias de mi vida. Eso es. No es gran cosa. Sólo tres historias.

La primera historia se trata de conectar los puntos. Me retiré del Reed College después de los primeros 6 meses y seguí yendo de modo intermitente otros 18 meses o más antes de renunciar de verdad. Entonces ¿por qué me retiré? Comenzó antes de que yo naciera. Mi madre biológica era joven, estudiante de universidad graduada, soltera, y decidió darme en adopción. Ella creía firmemente que debía ser adoptado por estudiantes graduados. Por lo tanto, todo estaba arreglado para que apenas naciera fuera adoptado por un abogado y su esposa; salvo que cuando nací, decidieron en el último minuto que en realidad deseaban una niña. De ese modo, mis padres que estaban en lista de espera, recibieron una llamada en medio de la noche preguntándoles: “Tenemos un niño no deseado; ¿lo quieren?”. Ellos dijeron “Por supuesto”. Posteriormente, mi madre biológica se enteró que mi madre nunca se había graduado de una universidad y que mi padre nunca se había graduado de la enseñanza media. Se negó a firmar los papeles de adopción definitivos. Sólo cambió de parecer unos meses más tarde cuando mis padres prometieron que algún día yo iría a la universidad. Luego a los 17 años fui a la universidad. Sin embargo, ingenuamente elegí una universidad casi tan cara como Stanford y todos los ahorros de mis padres de clase obrera fueron gastados en mí matrícula. Después de 6 meses yo no era capaz de apreciar el valor de lo anterior. No tenía idea de lo que quería hacer con mi vida y no tenía idea de la manera en que la universidad me iba a ayudar a deducirlo. Y aquí estaba yo, gastando todo el dinero que mis padres habían ahorrado durante toda su vida. Así que decidí retirarme y confiar en que todo iba a resultar bien. Fue bastante aterrador en ese momento, pero mirando hacia atrás fue una de las mejores decisiones que tomé. Apenas me retiré, pude dejar de asistir a las clases obligatorias que no me interesaban y comencé a asistir irregularmente a las que se veían interesantes. No todo fue romántico. No tenía dormitorio, dormía en el piso de los dormitorios de amigos, llevaba botellas de Coca Cola a los depósitos de 5 centavos para comprar comida y caminaba 11 kilómetros, cruzando la ciudad todos los domingos en la noche para conseguir una buena comida a la semana en el templo Hare Krishna. Me encantaba. La mayor parte de las cosas con que tropecé siguiendo mi curiosidad e intuición resultaron ser inestimables posteriormente. Les doy un ejemplo: en ese tiempo Reed College ofrecía quizás la mejor instrucción en caligrafía del país. Todos los afiches, todas las etiquetas de todos los cajones estaban bellamente escritos en caligrafía a mano en todo el campus. Debido a que me había retirado y no tenía que asistir a las clases normales, decidí tomar una clase de caligrafía para aprender. Aprendí de los tipos serif y san serif, de la variación de la cantidad de espacio entre las distintas combinaciones de letras, de lo que hace que la gran tipografía sea lo que es. Fue hermoso, histórico, artísticamente sutil de una manera en que la ciencia no logra capturar, y lo encontré fascinante. Nada de esto tenía incluso una esperanza de aplicación práctica en mi vida. No obstante, diez años después, cuando estaba diseñando la primera computadora Macintosh, todo tuvo sentido para mí. Y todo lo diseñamos en la Mac. Fue la primera computadora con una bella tipografía. Si nunca hubiera asistido a ese único curso en la universidad, la Mac nunca habría tenido tipos múltiples o fuentes proporcionalmente espaciadas. Además, puesto que Windows sólo copió la Mac, es probable que ninguna computadora personal la tendría. Si nunca me hubiera retirado, nunca habría asistido a esa clase de caligrafía, y las computadoras personales no tendrían la maravillosa tipografía que tienen. Por supuesto era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en la universidad. Sin embargo, fue muy, muy claro mirando hacia el pasado diez años después. Reitero, no pueden conectar los puntos mirando hacia el futuro; solamente pueden conectarlos mirando hacia el pasado. Por lo tanto, tienen que confiar en que los puntos de alguna manera se conectarán en su futuro. Tienen que confiar en algo – su instinto, su destino, su vida, su karma, lo que sea. Esta perspectiva nunca me ha decepcionado, y ha hecho la diferencia en mi vida.

La segunda historia es sobre amor y pérdida. Yo fui afortunado – descubrí lo que amaba hacer temprano en la vida. Woz y yo comenzamos Apple en el garage de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos duro y en 10 años Apple había crecido a partir de nosotros dos en un garage, transformándose en una compañía de US$2 mil millones con más de 4.000 empleados. Recién habíamos presentado nuestra más grandiosa creación – la Macintosh – un año antes y yo recién había cumplido los 30. Y luego me despidieron. ¿Cómo te pueden despedir de una compañía que comenzaste? Bien, debido al crecimiento de Apple contratamos a alguien que pensé que era muy talentoso para dirigir la compañía conmigo, los primeros años las cosas marcharon bien. Sin embargo, nuestras visiones del futuro empezaron a desviarse y finalmente tuvimos un tropiezo. Cuando ocurrió, la Junta del Directorio lo respaldó a él. De ese modo a los 30 años estaba afuera. Y muy publicitadamente fuera. Había desaparecido aquello que había sido el centro de toda mi vida adulta, fue devastador. Por unos cuantos meses, realmente no supe qué hacer. Sentía que había decepcionado a la generación anterior de empresarios – que había dejado caer el testimonio cuando me lo estaban pasando. Me encontré con David Packard y Bob Noyce e intenté disculparme por haberlo echado a perder tan estrepitosamente. Fue un absoluto fracaso público e incluso pensaba en alejarme del valle. No obstante, lentamente comencé a entender algo – Yo todavía amaba lo que hacía. El revés ocurrido con Apple no había cambiado eso ni un milímetro. Había sido rechazado, pero seguía enamorado. Y así decidí comenzar de nuevo. En ese entonces no lo entendí, pero sucedió que ser despedido de Apple fue lo mejor que podía haberme pasado. La pesadez de ser exitoso fue reemplazada por la liviandad de ser un principiante otra vez, menos seguro de todo. Me liberó para entrar en uno de las etapas más creativas de mi vida. Durante los siguientes cinco años, comencé una compañía llamada NeXT, otra compañía llamada Pixar, y me enamoré de una asombrosa mujer que se convirtió en mi esposa. Pixar continuó y creó la primera película en el mundo animada por computadora, Toy Story, y ahora es el estudio de animación más exitoso a nivel mundial. En un notable giro de los hechos, Apple compró NeXT, regresé a Apple y la tecnología que desarrollamos en NeXT constituye el corazón del actual renacimiento de Apple. Además, con Laurene tenemos una maravillosa familia. Estoy muy seguro de que nada de esto habría sucedido si no me hubiesen despedido de Apple. Fue una amarga medicina, pero creo que el paciente la necesitaba. En ocasiones la vida te golpea con un ladrillo en la cabeza. No pierdan la fe. Estoy convencido que lo único que me permitió seguir fue que yo amaba lo que hacía. Tienen que encontrar eso que aman. Y eso es tan válido para su trabajo como para sus amores. Su trabajo va a llenar gran parte de sus vidas y la única manera de sentirse realmente satisfecho es hacer aquello que creen es un gran trabajo. Y la única forma de hacer un gran trabajo es amando lo que hacen. Si todavía no lo han encontrado, sigan buscando. No se detengan. Al igual que con los asuntos del corazón, sabrán cuando lo encuentren. Y al igual que cualquier relación importante, mejora con el paso de los años. Así que sigan buscando hasta que lo encuentren. No se detengan.

La tercera historia es sobre la muerte. Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo parecido a “Si vives cada día como si fuera el último, es muy probable que algún día hagas lo correcto”. A mí me impresionó y desde entonces, durante los últimos 33 años, me miro al espejo todas las mañanas y me pregunto: “Si hoy fuera en último día de mi vida, ¿querría hacer lo que estoy a punto de hacer hoy?” Y cada vez que la respuesta ha sido “No” por varios días seguidos, sé que necesito cambiar algo. Recordar que moriré pronto constituye la herramienta más importante que he encontrado para ayudarme a decidir las grandes elecciones de mi vida. Porque casi todo – todas las expectativas externas, todo el orgullo, todo el temor a la vergüenza o al fracaso – todo eso desaparece a las puertas de la muerte, quedando solamente aquello que es realmente importante. Recordar que van a morir es la mejor manera que conozco para evitar la trampa de pensar que tienen algo que perder. Ya están desnudos. No hay ninguna razón para no seguir a su corazón. Casi un año atrás me diagnosticaron cáncer. Me hicieron un scanner a las 7:30 de la mañana y claramente mostraba un tumor en el páncreas. Yo ni sabía lo que era el páncreas. Los doctores me dijeron que era muy probable que fuera un tipo de cáncer incurable y que mis expectativas de vida no superarían los tres a seis meses. Mi doctor me aconsejó irme a casa y arreglar mis asuntos, que es el código médico para prepararte para la muerte. Significa intentar decirle a tus hijos todo lo que pensabas decirles en los próximos 10 años, decirlo en unos pocos meses. Significa asegurarte que todo esté finiquitado de modo que sea lo más sencillo posible para tu familia. Significa despedirte. Viví con ese diagnóstico todo el día. Luego al atardecer me hicieron una biopsia en que introdujeron un endoscopio por mi garganta, a través del estómago y mis intestinos, pincharon con una aguja mi páncreas y extrajeron unas pocas células del tumor. Estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me contó que cuando examinaron las células en el microscopio, los doctores empezaron a llorar porque descubrieron que era una forma muy rara de cáncer pancreático, curable con cirugía. Me operaron y ahora estoy bien. Fue lo más cercano que he estado a la muerte y espero que sea lo más cercano por unas cuantas décadas más. Al haber vivido esa experiencia, puedo contarla con un poco más de certeza que cuando la muerte era un útil pero puramente intelectual concepto: Nadie quiere morir. Incluso la gente que quiere ir al cielo, no quiere morir para llegar allá. La muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y es como debe ser porque la Muerte es muy probable que sea la mejor invención de la Vida. Es el agente de cambio de la Vida. Elimina lo viejo para dejar paso a lo nuevo. Ahora mismo, ustedes son lo nuevo, pero algún día, no muy lejano, gradualmente ustedes serán viejos y serán eliminados. Lamento ser tan trágico, pero es muy cierto. Su tiempo tiene límite, así que no lo pierdan viviendo la vida de otra persona. No se dejen atrapar por dogmas – es decir, vivir con los resultados del pensamiento de otras personas. No permitan que el ruido de las opiniones ajenas silencien su propia voz interior. Y más importante todavía, tengan el valor de seguir su corazón e intuición, que de alguna manera ya saben lo que realmente quieren llegar a ser. Todo lo demás es secundario. Cuando era joven, había una asombrosa publicación llamada The Whole Earth Catalog, que era una de las biblias de mi generación. Fue creada por un tipo llamado Steward Brand no muy lejos de aquí en Menlo Park, y la creó con un toque poético. Fue a fines de los 60, antes de las computadoras personales y de la edición mediante microcomputadoras, por lo tanto, en su totalidad estaba editada usando máquinas de escribir, tijeras y cámaras polaroid. Era un tipo de Google en formato de edición económica, 35 años antes de que apareciera Google: era idealista y rebosante de hermosas herramientas y grandes conceptos. Steward y su equipo publicaron varias ediciones del The Whole Earth Catalog, y luego cuando seguía su curso normal, publicaron la última edición. Fue a mediados de los 70 y yo tenía la edad de ustedes. En la tapa trasera de la última edición, había una fotografía de una carretera en el campo temprano en la mañana, similar a una en que estarían haciendo dedo si fueran así aventureros. Debajo de la foto decía: “Sean ansiosos. Sean descabellados”. Fue su mensaje de despedida al finalizar. Sean ansiosos. Sean descabellados. Siempre he deseado eso para mí. Y ahora como se gradúan para empezar de nuevo, lo deseo para ustedes. Sean ansiosos. Sean descabellados. Muchas gracias.

miércoles, 1 de julio de 2009

La llegada de "ella"

Recibí en la dirección de mail este sentimiento, expresado por Lorena W

Como explicar ese único sentimiento y a la vez mezcla de muchos otros;
que sentí ese día.

Como guardarlo en mi cuerpo, cuando sentí que no entrara en el.

Sentía que mi vida había cambiado no sabia ¿cómo?.

Ese día el día de tu nacimiento, momento, triste, feliz, conmemorable, único.

El día que por primera vez vi tu cara, el día que por primera vez me sentí mamá.

Que palabra tan única y buscada, que sentimiento inalcanzable, que complicidad.

Hoy después de no haber dormido en tus noches en vela, la cual te
hacia compañía, de acompañarte al medico, de ser testigo de tus
primeras risas, dientes, morisquetas; puedo decirte que sos lo mas
importante que me paso en la vida, lo mas grande y hermoso que tengo,
que sin vos muero y por vos muero; y que voy a estar a tu lado
siempre, en tus buenos, malos momentos; en tu felicidad y tristeza y
por sobretodas las cosas cuando me puedas decir....

Mamá.

otras historias...

Encontré un articulo del año 2007. En adopción, es como si el tiempo se encontrara detenido, siempre lo mismo, nunca un cambio.
Por eso acompaño al Club de padres, en su intento por cambiar algo.
Quería aclarar algo: siempre pongo notas de adopción de niños más grande. 1ro, porque no encuentro historias de gente que adopte bbes, y 2do porque yo estoy en pleno proceso de vinculación con mis tres hijos de 12,10 y 3 años, y quiero contarles a travez de otras historias que se siente adoptar niños más grandes.
Si alguno de los que leen este blog, quiere acercar otras historias de adopción, gustosa las subiré al blog, sin ninguna censura.
Bueno, comparto con ustedes este artículo:

Adopciones diferentes: el largo camino a casa

Adoptar chicos grandes, enfermos o grupos de hermanos es un gesto de amor valiente. Aquí, historias de familias que están de estreno.

El día en que la adoptaron, María tenía un vestido rojo con margaritas tan blancas como sus sandalias y un montón de collares y pulseritas porque desde siempre fue coqueta. Eugenia y Ailén, en su primera mañana en la que ahora es su casa, se pasaron a la cama de papi y mami, como lo habían visto en la tele. La nueva vida de Inés comenzó al entrar en esa habitación rosada con una guarda que tiene calcos de Winnie the Pooh. Se tiró en la cama y rió.
Cuando Blanca y Juli pasaron su primera noche en la casa de Garín, los que no pudieron dormir fueron sus papás: en el hogar donde habían vivido los chicos, les advirtieron que el nene tenía pesadillas. Lo cierto es que esa noche y todas las noches que siguieron, Juli durmió –y duerme– como un lirón.


María Celeste se puso nerviosa cuando le dijeron que la venían a buscar. Su mamá la recuerda parada detrás de la puerta, desgarbada, con unas chancletitas y los ojos llenos de expectativas. Momentos que no son cualquier momento. Son días, horas, instantes de cambios profundos para cada uno de estos chicos. Son hijos adoptivos. Chicos que, ahora saben, fueron tan deseados como para que sus papás hicieran lo imposible hasta encontrarlos. Había una parte del corazón vacía y sólo ellos podían llenarla. Pero además, María, Inés, Eugenia, Ailén, Juli y Blanca fueron adoptados cuando ya tenían 6, 7, 8 años o más. Algunos no estaban del todo sanos; otros son hermanos. Y todos cargan con una historia detrás que ellos conocen y que sus papás adoptivos no esquivan ni ocultan.


El camino de la adopción, y en particular de chicos que no son bebés, puede no ser fácil y, a veces, también es ingrato. Porque para unir esas vidas tienen que coincidir las voluntades de muchos intermediarios: jueces, abogados, asistentes sociales, psicólogos, instituciones que, a pesar de los intentos, no logran funcionar aceitadamente. Y, se sabe, el tiempo de espera desespera. Pueden pasar meses o años, que no sólo son exasperantes para quienes desean adoptar, sino –y sobre todo– para esos pibes que crecen dentro de las impersonales paredes de institutos de menores u hogares donde la infancia corre en tono gris, sin otro sueño que el de tener un papá y una mamá.


A la hora de adoptar, muchos adultos ponen condiciones: que sea un solo chico, que esté sano, que no tenga relación con su familia biológica y que, como mucho, tenga 5 años. Demasiadas exigencias que se chocan con la realidad: hay pocos bebés que cumplen esos requisitos. Además, como la ley exige que para ser dado en adopción el niño debe pasar un año en estado de abandono, con sólo una vez al año que lo visite su familia biológica no estará en ninguna lista. En cambio, hay muchos chicos, más grandecitos, que terminan creciendo en instituciones.


EL TIEMPO DE LA ESPERA


Según la Dirección Nacional del Registro Unico de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos (DNRUA) –que depende del Ministerio de Justicia de la Nación– hay registrados 618 matrimonios y 121 personas solas que quieren adoptar bebés hasta los 2 años. Y tan sólo 9 parejas y 16 aspirantes solos, que aceptan chicos de entre los 8 y 10 años. Cifras que no son definitivas.
Por otro lado, el Registro de Adoptantes de la Ciudad de Buenos Aires tiene, sin detallar la edad de los chicos, unos 1.300 postulantes, entre matrimonios y personas solas. Pero el año pasado, hubo sólo 80 pedidos de los juzgados porteños para dar en guarda a otros tantos menores. La desproporción es muy alta y habla del tiempo de espera que pasan los chicos en instituciones.
Según María Elena Naddeo, a cargo del Consejo de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes de la Ciudad, "la mayoría de los postulantes espera niños de corta edad. Básicamente por el temor de que las huellas que dejaron el abandono o situaciones de violencia les impidan a los chicos la integración a una convivencia familiar, o del vínculo amoroso. Y esto es muy entendible".
De todas maneras, "los chicos más grandes se recuperan muy bien. Porque lo único que necesitan es afecto, acompañamiento y contención para sanar las heridas". Algo que requiere de mucho compromiso, que no siempre existe, por parte de los padres adoptivos: "Hubo chicos que fueron devueltos por los adoptantes. Esto es algo muy victimizante para los menores. Por eso,
hay que ser muy cauteloso en la elección de la familia".


De todas maneras, hay organizaciones que aportan a que unos y otros puedan encontrarse. En la Fundación Prohijar, por caso, se creó hace 8 años el Programa de Familias Especiales, por el cual unos 200 chicos pudieron encontrar un papá y una mamá. La idea es que los adoptantes no sólo busquen bebés. "Con sólo conocer las experiencias, muchas familias dejarían de buscar sólo bebés o de tenerles miedo a los grupos de hermanitos o a que los chicos tengan cierto lazo con la familia de origen", dice Sandra Juárez, directora de Prohijar. Y si bien por este programa muchas personas pudieron adoptar en plazos más cortos que los habituales, la decisión está supeditada a la Justicia. "Hay veces en que un matrimonio es convocado apenas termina su evaluación. Y otros, que esperan desde hace tiempo, no son elegidos en esa oportunidad", explica.


Así le sucedió a María Inés Lago cuando, a sus 46 años, decidió adoptar sola. "Siempre tuve esa idea, tuviera mis hijos biológicos o no." Inesita, su nena de 8 años, llegó al departamento de Villa Urquiza hace dos. La esperaba una habitación rosada con dibujitos de Winnie the Pooh. Y una mamá capaz de aventar cualquier miedo. "Creo que tengo los temores de cualquier papá o mamá: qué pasaría con ella si a mí me pasara algo, si la podré mantener, si crecerá feliz", dice María Inés.
Se trata de ir amoldándose en el día a día, que en ningún caso es idílico ni fácil. Al fin y al cabo, unos y otros apenas se conocen. Hay horarios distintos, costumbres nuevas, terrenos que ceder, conductas que explorar y mucha paciencia para responder en situaciones esperables: malas contestaciones, ciertos desplantes, ataques de rabia. Porque si los grandes tienen temores, los chicos tienen terrores: el fantasma de sufrir un nuevo abandono los acompaña. "La nena necesitaba que yo le dijera que de acá no la iba a sacar nadie, que íbamos a estar siempre juntas", cuenta María Inés de aquellos primeros días. Eso fue dando seguridades, y ahora las preguntas son otras: "Mami, ¿por qué no estuve adentro de tu panza?" o "¿En qué me parezco a vos?". Juntas, además, escriben el "cuadernito de los recuerdos" que iniciaron el primer día de adopción: hay fotos, dibujos, qué cosas hizo la nena por primera vez... Para la pequeña Inés, así empieza su historia.


ESOS CHICOS, ESOS MIEDOS


Las ganas de ser mamá, para Ana, se instalaron a los 33. Y decidió que iba a adoptar a alguien que la necesitara mucho. Había conocido el dolor de perder a su marido por sida y cuando se presentó en el Consejo del Menor y la Familia expresó su deseo: quien más la necesitara. Tras cuatro meses de espera llegó María, una nena de 6 años, VIH positiva. Enseguida le preguntó si
podía llamarla mamá.


Esa noche Ana no durmió pensando que la nena podría despertarse y no saber dónde estaba. Pero María no paró de roncar. Hoy, siete años después, Ana no imagina la vida sin su hija. "Llevamos una vida normal, con los ajustes que lleva cualquier relación con una adolescente de 13 años. De salud está muy estable y hasta ahora no hemos sufrido dificultades. Creo que si algún día hay un problema voy a hacer lo que deba; y confío en que lo vamos a superar porque ella es una chica muy fuerte."


Para muchos, la diferencia entre tener una casa y tener un hogar la dan estos pibes. Los papás coinciden en que no se pueden borrar las cargas que traen en sus mochilas, pero es posible un camino hacia adelante. Y no es poco.


María Celeste ya tiene 13. Y no le caben dudas: "Recuperé mi infancia a full". Rosa y Argentino Olveira Cóceres lagrimean al repasar los primeros momentos con María Celeste. El comedor de la casa, en Tigre, está lleno de trofeos que Celeste ganó en fitness dance.
Rosa y Argentino trabajan en tareas domésticas y en la construcción, y pisaban los 50 cuando decidieron adoptar. "Y en el juzgado nos tiraron a la lona. Nos dijeron: 'Por la edad que tienen y la espera, mínimo pasarán cinco años'." Pero pasaron sólo 15 días. Y en dos meses Celeste festejó los 9 en casa. "Ahora, voy a tener que comprar la escopeta", bromea Argentino. Su nena creció y mucho.


A pesar de que sigue en contacto con algunos de sus once hermanos, Celeste tiene largas charlas con mamá Rosa. "Quiero que saque todo el odio que tiene en el corazón pensando que la mamá los abandonó porque vivir con eso no es bueno", dice Rosa.


Julio Witschi, de 38, iba rumbo al trabajo cuando recibió el llamado que le cambió la vida. "Hay dos hermanitos, Juli y Blanca... tienen 7 y 8 años..." ¿Acaso él y su mujer, Beatriz, querrían adoptarlos? Sí, claro. Hubo un primer encuentro en el Parque Rivadavia, una merienda, un rompecabezas para armar. Y fue una tarde para siempre. Después de 17 años de casados, la
casa de Beatriz y Julio se convertía en hogar con los chicos.


Negociador nato, parece difícil decirle no a Juli. El nene, que cumplió 9, ya avisó que cuando le den el DNI que está en trámite, quiere cambiarse el nombre y llamarse como el tío Cristian, que le peina la cabeza con una cresta de gel. Además tiene una mamitisaguda con Beatriz, 39, empleada en una fábrica de chocolates. Y ella no se queda atrás: "Siempre le digo que lo conozco como si lo hubiera tenido tenido en mi panza". Blanca, con sus 10 años, apunta a papá Julio, acaso saboreando, a su manera, el idilio padre-hija. "Costó entrar en esa relación hermética que tenían. Blanca desde chiquita se había puesto el nene al hombro", señala Beatriz. Pero hoy, un año después, el vínculo es diferente. Juli y Blanca buscan su propio espacio en la casa y en el amor de la familia, aunque todavía no dicen ni papá ni mamá. "A veces me dicen vieja", sonríe Beatriz, deseosa de escuchar un mami, mamá, má.


Esas mismas palabras que suenan muy dulces en Eugenia, 14, y Ailén, 12. En unas vacaciones empezaron a decirles papi y mami a Guillermo Fontana y Gabriela Puebla, sus padres adoptivos. La historia fue peculiar porque Guillermo y Gabriela –de 37 y 35 años– se decidieron por la adopción de dos hermanas siendo muy jóvenes y pudiendo tener sus propios bebés. "En el juzgado no lo entendían mucho. Pero habíamos trabajado en hogares y sabíamos que había un montón de nenes con necesidad de ser adoptados", rebobina Gabriela. Cuando las conocieron, sus nenas tenían 10 y 9 años. Hay fotos de las primeras salidas, recuerdos de esas primeras miradas; de cuando empezaron a extrañarse. Las vacaciones. Los cumpleaños. Y ponerse a pensar en la fiesta de 15 de Eugenia el año que viene. El tiempo pasó rápido.


Un pato de peluche de Ailén y una foto de cuando Eugenia era bebé son lo único que conservan de su familia de origen. Aquí también hay largas conversaciones sobre aquella historia y este presente. Pero acaso haya llegado el tiempo de soñar. Eugenia quiere ser dibujante y Ailén, tener un restorán. No es inalcanzable. Lo que parecía inalcanzable ya lo tienen.

miércoles, 24 de junio de 2009

Atrevete, salte del closet ¡¡¡¡¡


Esta nota me recuerda una canción de calle 13 (si, estoy influenciada por mi sobri pre adolescente; solamente el título, porque lo demás nada que ver, jajjaja)

Esta historia la encontré junto a la nota enviada por Lore:

¡ Atrevanse! Por Edgardo Schapachnik y Susana Torok Para LA NACION

Nuestra historia de adopción comenzó en 2005. Dadas nuestras edades y nuestras historias personales, aspirábamos a adoptar una niña de segunda infancia, o dos, si fueran hermanitas, o un niño y una niña, pero la condición era que el sexo femenino estuviera presente.

Así es que recurrimos a la ONG Anidar y con su asesoramiento conocimos historias de adopción diversas, fáciles algunas y más complicadas otras. Por estas últimas deseábamos que el Juzgado que nos tocara en suerte nos llamara por la edad menor posible dentro del rango elegido inicialmente, esto es de 5 a 9 años.

Sorpresivamente, tres meses después de presentar la carpeta recibimos la llamada de una jueza de una provincia del interior, que nos proponía la guarda de un niño de 10 años, cosa que se alejaba apenas del rango de edades elegidas y nos acercaba a aquel prejuicio de que cuanto más grande, más difícil. Más conmocionante fue aún saber que se trataba de un varón, ya que veníamos alimentando la idea de una niña. No dudamos en aceptar. No podíamos decir que no, no se trataba de elegir la antigüedad de una casa o el modelo de un auto, sino de un niño que nos esperaba, un niño que sería nuestro hijo.

Así, el 4 de marzo lo conocimos. Nos enteramos también de que ya había cumplido los 11 años, pero nos enamoramos de él y nos olvidamos por completo de nuestras expectativas con respecto al sexo.

En pocos meses de convivencia tuvimos que aprender lo que es fácil y lo que es difícil de esta integración de su historia a nuestras vidas. Pero sobre todo aprendimos lo difícil que fue para él abandonar su lugar natal, sus amigos del hogar, subir a un micro con dos extraños y encontrarse de pronto viviendo en una ciudad loca como Buenos Aires.

Hubo días tormentosos, de rebeldías, de mal humor, que si bien son características generales de todos los chicos, en este caso tuvimos que tener siempre presente su particularidad, producto de su historia, del amor que le faltó y del maltrato que recibió.

Fue necesario tiempo para que él nos aceptara como padres; tiempo para que comprobara que no lo íbamos a abandonar, tiempo para que dejara de usar palabras que aprendió y que pertenecen a un pasado que no eligió.

Aprendimos como padres que la adopción es un proceso que no nos atañe sólo a nosotros. También él nos tuvo que adoptar como mamá y papá, y en ese proceso nos fuimos transformando, adoptándonos. Aprendimos que él necesitaba pertenecer a una familia, saber que tenía el lugar que nunca tuvo.

Hoy, a más de tres años de compartir nuestras historias, porque ya tiene 14 años, podemos asegurar que viviríamos una y mil veces aquellos primeros días, en los que todo fue maravilloso -incluyendo los sinsabores-, como es maravilloso verlo crecer amándonos y amarlo cada día sintiendo que fue nuestro hijo desde siempre.

Hace más de un año nos pidió un hermano y eligió a un amigo del hogar donde vivió.

Nos atrevimos nuevamente, decidimos compartir su deseo y emprendimos una vez más el camino. Su nuevo hermano tiene tres años más que él, 17, y está con nosotros desde hace nueve meses. Es otra su historia, es otra su particularidad, otra experiencia por integrar a nuestras vidas. Estamos aprendiendo a ser otra vez padres, partiendo de lo nuevo y lo aprendido con nuestro primer hijo.

La relación entre lo nuevo y lo aprendido es compleja, donde lo nuevo adquiere una dimensión preponderante, ya que una vez más se trata de hacer confluir historias de vida diferentes, que en este caso es una larga historia de 17 años, con aspectos generales que hacen que un adolescente comience a incorporar nuevos códigos y que una familia empiece a aceptar otros que hacen a la condición etaria: música, costumbres, salidas nocturnas, límites, nuevos amigos. Nuestros hijos no son bebes, pero son niños al fin y nos esperaban como padres.

Hay cientos que esperan por ustedes como ellos lo hicieron por nosotros. ¡Atrévanse!

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1141215



martes, 16 de junio de 2009

Buscan familia para seis hermanos


14/06/2009
Defensoria General de la Nacion.

LLAMADO URGENTE A LA SOLIDARIDAD

La Defensoría General de la Nación lanzó una convocatoria a fin de encontrar familias para seis hermanos, de 6 a 14 años de edad, que vienen de grandes carencias afectivas y están internados actualmente en dos hogares.

Las familias deberán estar en condiciones de "asumir la guarda, con miras a una futura adopción" de los chicos, dice el llamado, en el que intervienen la Defensoría Pública de Menores e Incapaces, el Juzgado Nacional en lo Civil 83 y la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (SENNAF).

Los niños "han atravesado situaciones de gran carencia afectiva durante la convivencia con su grupo familiar de origen y, por las características de cada uno, se requieren familias con una importante disposición para atender sus singularidades", explicaron.


La Defensoría busca evitar que continúe la institucionalización de los chicos, que "necesitan del soporte emocional, la atención, el afecto, que les brinden un lugar de hijos y que asuman el compromiso de continuar posteriormente con el vínculo fraterno".


Antes de la convocatoria, el Departamento de Adopciones de la SENNAF informó que la Dirección Nacional del Registro Unico de Adoptantes hizo saber que no cuenta con postulantes inscriptos en condiciones de asumir la guarda de estos hermanos.


El pedido es formulado por la Defensoría a cargo de la doctora Carolina Paladini, con acuerdo del Juzgado Nacional en lo Civil 83 a cargo de la doctora Patricia Zabotinsky, y el Departamento de Adopciones de la SENNAF.

Las familias interesadas deberán comunicarse a los teléfonos del Departamento de Adopciones, 4338-5820/5800, interno 6012, de 10 a 16.

La dependencia está a cargo de Fabiana Alejandra Isa y es coordinada por María Josefina Casmuz. En el caso interviene un equipo integrado por las licenciadas
Claudia Rodríguez, Julieta Arias y Patricia Molina

Fuente: http://www.lalicuadoratdf.com.ar/index.php?s=!notas$$notas/veo$W0821erve8s6jwphc97csam

miércoles, 10 de junio de 2009

bebes basura


En una semana dos madres abandonaron a sus hijos casi recién nacidos. Una puso a su bebita adentro de una caja en la puerta de una casa. La otra embolsó a sus mellizos de cinco días de vida en bolsas y los dejó en una montaña de repleta de basura en la localidad de San Justo.
A los mellizos los encontró una adolescente de 18 años que caminaba hacia su casa y al oír el llanto de un bebé, descubrió con inmenso asombro, que el sonido tenía dueño y provenía de la pila de basura. Primero descubrió a uno y al ratito a su hermanito mellizo que seguía llorisqueando para que lo sacaran de la cuna de mierda, en la que su mamá lo había tirado.

No es la primera vez que sucede algo así lamentablemente, así que después del asombro, y una vez que los bebes son rescatados por alguien y son derivados al hospital y su salud está asegurada, el asombro y el tema, se diluyen de los medios y de los comentarios callejeros y familiares.

Pero la verdad es que ahí recién comienza la verdadera historia. Con la mejor de las suertes, que seguramente la tendrán, ya que se ganaron la lotería al haber sido rescatados de la basura, la madre de esos chiquitos desaparecerá de esas vidas recien estrenadas. Si no la encuentran mejor. Si la encuentran, quizás un haz de luz se apodere de ella y decida hacer algo humano, dar a sus chiquitos en adopción.

En algún medio se comentó ayer que ya había ido una pareja al hospital, que lleva 5 años esperando para adoptar un hijo, para levantar la mano y cantar pri. La cosa no es tan fácil, aunque los mellis seguramente se ganarían el Loto si pudieran ser adoptados inmediatamente por estos padres ansiosos de formar la familia, que la mujer invisible tiró a la basura.

Hay cuestiones legales que seguramente pongan a los hermanitos en manos de algún Hogar de tránsito, hasta que la Justicia cumpla con todos los procedimientos administrativos para que estos varoncitos puedan encarnarse en una familia que los desee. Ojalá que la burocracia no sea tan rebuscada y los bebes puedan, lo antes posible, tener lo que su mamá les negó: derecho a vivir y a recibir amor.

Mía, la otra beba abandonada, la pasó mejor que los mellis. Fue encontrada por una mujer que acababa de ser mamá hace 25 días, así que hasta leche calentita tomó la gorda. Ese es el nombre que esta mujer, que no dudó ni un segundo en pelar sus pechos para amamantarla, le puso apenas la vio. “Es mía”, contó que pensó en el medio del asombroso hallazgo.

Habrá que ver si a Mía, Miguel y Ariel (los mellis), que fueron nombrados así en honor a los enfermeros que los asistieron recién llegados al hospital, no les coartan la posibilidad de dejar rápido atrás esta pena, este tropiezo al nacer. Eso es lo fundamental, lo más importante, mucho más importante que calzarse el dedo acusador contra esas mujeres que tiran sus hijos a la basura o en cajitas, a la marchanta.

Es vital que estos bebes no pasen de mano en mano y recién encuentren su verdadero y definitivo hogar dentro de algunos años, debido a la lenta e ineficaz Ley de Adopción argentina. Tienen toda la oportunidad de salvarse de muchas cosas, tienen todas las chances de empezar de cero, de ser protegidos y amados, ya.

Jueces, asistentes sociales, funcionarios de los juzgados de menores, de ustedes depende que Mía, Miguel y Ariel no sufran más abandonos y encuentren a sus padres verdaderos.

Hay miles de parejas ansiosas por formar una familia, listas larguísimas de hombres y mujeres anotados para hacer las cosas bien, de manera legalmente correcta. No le caguen la vida a estos niños, la oportunidad es hoy. Ojalá pronto sepamos de Mía, Miguel y Ariel, los veamos felices y sin olor a basura.
http://www.diarioshow.com/notas/2009/06/10/12404-bebes-basura.html

jueves, 14 de mayo de 2009

Historias de vida: Niños polacos encuentran un hogar en Miami

Estamos a 5,000 millas de casa y a punto de mirar los ojos de nuestro futuro.

Mi esposo, Al Diaz, y yo nos quitamos la nieve de los zapatos mientras en la puerta nos saludan con una exclamación de dzien dobry (buenas tardes en polaco). Entramos en el apartamento y seguimos a los padres adoptivos con expectación y emoción.

Como un niño pequeño en una madrugada de Navidad tratando de descubrir a Santa Claus, un par de ojos miran a hurtadillas en el rincón. Otras dos pupilas se asoman.

Esos ojos pertenecen a Bartek, de 4 años de edad, y su hermana de 7 años, Angelika, y han visto cosas que no queremos ni imaginar, y sin embargo están llenos de esperanzas y de sueños.

Cuando es la hora de tener una familia, hay muchas opciones. Quizá quiera tener un solo hijo, u ocho, como la mujer que recientemente tuvo octillizos. O puede traer a su casa a un niño que necesita desesperadamente una familia.

Para nosotros, la opción era clara: queríamos adoptar.

Los niños de ''más edad'', como Bartek y Angelika, encaran dificultades para ser adoptados. Muchas parejas prefieren adoptar bebés que todavía no se han sonreído por primera vez, no han dicho la primera palabras ni han dado el primer paso. Los padres quieren experimentar esos momentos inolvidables por sí mismos, no que se los cuenten.

No nos importaba que los niños no fueran bebés. Y aunque nos hubiera importado, cuando un niño lo mira a uno a los ojos con una gran sonrisa, ya no importa lo que uno necesita y quiere, sino lo que ese niño necesita y quiere.

Antes de conocer a Bartek y Angelika, asistimos a seminarios sobre diversos tipos de adopción, entre ellos uno de adopción de niños de otro país. En uno de los seminarios, conocimos a un par de familias que habían adoptado a un niño de Polonia sin contratiempos.

Ni yo ni mi esposo tenemos ascendencia polaca. Al es cubano y yo desciendo de europeos. Pero para nosotros no era ningún problema.

Descubrimos que Polonia es un país bello y muy diverso, con una historia interesante y una rica cultura. Gracias a los grandes cambios en el gobierno, la infraestructura y el turismo después de la Guerra Fría, los viajes son una experiencia grata y memorable.

La adopción de un niño extranjero es más costosa que la de uno del mismo país, pero nos sentíamos cómodos con nuestra decisión.

En busca de ayuda, acudimos a Mimi Huminski, una consultora radicada en Estados Unidos que facilita a las personas adoptar niños polacos, y usamos los servicios de la agencia Intercountry Adoption Center Inc., cuyo personal nos explicó los numerosos pasos que debíamos dar.

Para prepararnos para los problemas culturales, entramos en el Club Polaco Americano y en el Instituto Americano de Cultura Polaca, y tomamos clases de polaco.

Después, fuimos a Polonia. Nos sentíamos como los integrantes de un reality show, pero de una forma constructiva. Nos hospedamos en un hotel por 21 días. Durante ese tiempo, los niños se quedaron con nosotros, dos personas con mucho amor pero sin ninguna experiencia en criar niños.

Fuimos varias veces al juzgado a llenar papeles, nos reunimos con nuestro abogado polaco y Lech, nuestro traductor, nos visitaba dos veces al día. Todo coordinado por Mimi.

Empezamos a conocer detalles de la vida de Bartek y Angelika. Habían nacido en el seno de una familia con problemas, y merecían amor, compasión y alivio, pero tuvieron que contentarse con el abandono, comidas en mal estado, suciedad en el hogar, piojos, falta de baño y ningún cariño.

A Bartek rara vez lo sacaban de la cuna, lo cual afectaba su desarrollo. Su hermana nos contó cómo robaba comida para llevársela y cómo trataba de sacarlo de la cuna, sin lograrlo. Finalmente, un vecino preocupado llamó a la policía. Esa llamada cambió sus vidas.

La policja (policía) se llevó a los niños sólo con la ropa que tenían puesta. De todas formas, era todo lo que tenían. Los pusieron en un centro para adopción de emergencia, pero allí estuvieron casi dos años, sufriendo la frustración de ver cómo adoptaban a otros niños de menos edad.

Pero aun así estaban mejor en ese centro de adopción que en la casa de su familia, y en el centro Bartek tuvo su primer juguete: un osito de peluche con un suéter azul. Hasta el día de hoy, el osito es su peluche preferido para dormir cada noche.

Al cabo de 21 días, tuvimos que regresar a la Florida, y dejamos a los niños en el centro de adopción hasta que quedaran despejados todos los obstáculos legales y burocráticos.

Bartek y Angelika se sintieron maravillados y aliviados cuando volvimos a Polonia. Estaban listos para iniciar su nueva aventura. Lo curioso es que nos parecía que los conocíamos de toda la vida. Fue como si los estuviéramos recogiendo de un campamento de verano.

Cuando regresamos a Miami, había carteles de bienvenida y globos que los hicieron sentirse especiales. Conocieron a su nueva abuela y saborearon sus comidas caseras. Fue el comienzo perfecto de su nueva vida.

Sólo sabíamos un puñado de palabras en polaco y los niños sabían todavía menos inglés, de modo que la comunicación fue, digamos, interesante. Hablar con las manos era la mejor forma de comunicarnos. A los niños les parecía un juego divertido.

Poco después, Angelika empezó a ir a la escuela. Como no sabía inglés, adaptarse al aula fue muy difícil. Pero con el apoyo y la comprensión de maestros, instructores, hasta de un compañero de trabajo, los dos niños lograron un progreso increíble. Es alentador saber que uno no está solo.

El 24 de abril se cumplieron nuestros primeros tres años juntos, y los niños han progresado muchísimo. Con cierta dosis de estoicismo han alcanzado grandes metas y siguen creciendo y sobresaliendo. Su infeliz comienzo en la vida es una memoria vaga, como un incómodo viaje en autobús que uno olvida en cuanto llega a su destino.

Nuestra historia de adopción es como una misión de rescate con un final feliz. Y en este mi tercer Día de las Madres, me maravilla ver cómo todo salió tan bien.

fuente: http://www.elnuevoherald.com/noticias/septimo_dia/v-fullstory/story/446572.html

domingo, 10 de mayo de 2009

Lorena b: una amiga del blog

A Lorena no la conozco personalmente. La acompaño en sus días a travez del blog, el cual me resulta realmente placentero : http://eratiempo.blogspot.com

Como buena mamá, recordó en su blog la llegada de sus peques, y con su permiso, yo lo publico

lunes 29 de diciembre de 2008

Este día me mueve el piso de emoción

Éramos simplemente una pareja y después de mucho desearlo y trabajar para conseguirlo, un día como hoy volvimos a casa siendo una familia, muy igual a cualquier otra, muy distinta a todo el resto.
Hacía mucho calor y en la puerta de casa nos esperaban mi mamá y mi hermana Ile. Vieron a los niños y se largaron a llorar y recuerdo que con lágrimas en los ojos les dije: “no lloren, no los asusten”. Ese día vinieron todos, cada uno con un regalito. Mi familia había transformado nuestra casa en un hogar…había cunas, carteles de bienvenida, la gente nos traía, ropa, pañales, flores….en un momento, en el pequeño departamento de calle Salta no dejaba de sonar el timbre, el teléfono, la puerta y era un entrar y salir de gente que nos amaba y los amaba….ese día mis hijos conocieron a toda su familia, a sus primos, a sus amigos….así, de repente, todo junto y a borbotones, con excesos de amor y de brazo en brazo.
Ese día, todos nos adoptamos, aprendimos en un curso acelerado: que la sangre es un líquido rojo, que transita por las venas y tiene un grupo sanguíneo y que la familia se elige y se construye.
Todos los años, festejamos éste día, para mis críos es un festejo en el cual ellos eligen que hacer y a donde ir, para nosotros es pura emoción y un ir y venir de recuerdos, sensaciones, olores que quedan en el alma y en la piel.
Un día como hoy, hace 7 años nos adoptamos todos.

sábado, 9 de mayo de 2009

Historias de vida

Los Nogales, un lugar apacible, alejado del calor y el bullicio de la ciudad. Sobre una lomada poblada de árboles frutales se visualiza una casa blanca. Allí viven Silvia Corbalán (48) Miguel Getar (46) y sus dos hijos adoptivos, cuya identidad se reserva porque están en guarda legal.
En marzo de 2007, Miguel y Silvia decidieron adoptar un niño; se inscribieron en el Registro Unico de Postulantes de adopción, sin demasiadas expectativas. Luego de unos meses, el llamado llegó. “Cuando fuimos a la Sala Cuna nos enteramos que “R” (6 años) tenía un hermanito” (”D”, 3 años). Al llegar, uno de los nenes nos espiaba y al vernos dijo: “ella es mi mamá, vení hermanito, que vino la mamá”. Eso me emocionó, y cuando la jueza nos consultó si queríamos adoptar a ambos, no lo dudamos”, relata Silvia.

La decisión estaba tomada, pero los flamantes papás reconocen que la tarea es ardua.“ Criar un hijo es todo un trabajo; criar dos, el doble. Y hacerlo cuando se tiene más de 40 es triple esfuerzo”, explica Miguel. Pero el premio por esos sacrificios hace que todo valga la pena. “Contemplar sus rostros alegres cuando juegan y corren en la quinta, junto con Vicky, Negrita y el Pulga (los perros de la familia) basta para compensar el esfuerzo” comenta Silvia.

Oportunidades

En el jardín, rodeados por árboles de naranja, nísperos, membrillo, manzanas, oliva y alcanfor Silvia reflexiona: “la vida puede empezar de cualquier manera, pero descubrí que lo que realmente importa es de qué forma la transitamos y cómo termina”.
“Cuando “D” vino a casa tenía dos años y estaba mudo, no hablaba. A los 15 días no se lo podía callar” cuenta Miguel entre risas. La pareja pudo ver cómo el cariño y el afecto pueden repercutir en una persona.“Nuestro desafío es darles estabilidad, educación, amor, contención. Enseñarles que se puede ser feliz aun cuando todo diga lo contrario; que sean felices por sobre todo. Queremos que ellos con su experiencia de vida sean personas agradecidas y no resentidas. Que la adversidad que significa el abandono sea convertida en fortaleza. Esa va a ser una tarea para toda la vida” afirmó Silvia
“A cuanta persona me dice que no tiene hijos, le aconsejo que adopte. Lo que sucede es que la mayoría quiere bebés recién nacidos y esto atenta contra los más grandecitos que son los que más sufren porque son conscientes de su situación. Eso es lo que sucedió con “R”, que valora el antes y el después, ve las dos caras”, cuenta Silvia
La mujer es contadora pública (tiene dos trabajos) y Miguel trabaja en un organismo del Estado. Ambos se esfuerzan para darles a sus hijos lo necesario para estar bien. “Si tenemos que estar a base de guiso o sopa toda la semana lo haremos”, explica Silvia. “Por ejemplo ahora compramos un auto más para llevar a los chicos al colegio. Nos dimos cuenta que el dinero no lo es todo, sí es necesario por supuesto; pero la felicidad corre por otro lado, son las personas lo que valen” comenta Miguel.
Cuando llegó Navidad, R empezó a hablar de Papá Noel y de los regalos, y le dije, hijo, lo que celebramos es el nacimiento del niño Dios, que nació pobre pero rodeado de una familia que lo quería. Eso alegró al nene, cuenta Silvia.

Cuando LA GACETA les consultó de qué manera esperan el año que empieza, comentan: “empieza lleno de expectativas, sueños y oportunidades.Formar esta familia fue un acto de fe, pero un acto de fe en la vida, en la juventud, en el futuro. Será un tiempo de muchos cambios, de adaptación. Nuestro deseo para este 2009 es a largo plazo: que nuestros hijos sean buenas personas, que tengan buenos sentimientos y almas generosas, ese es nuestro más grande anhelo”.


Fuente:http://www.lagaceta.com.ar/nota/307637/Informacion_General/Buscaban_un_niño_adopcion_pero_vida_les_regalo_dos.html


Esteban: continúa la búsqueda

Hoy fuí a la Senaf y Fabiana Isa me lo confirmó: Esteban sigue sin padres.
Sólo quería confirmarlo.

jueves, 7 de mayo de 2009

Esteban: Bienvenidos a Holanda

Espera que una familia lo adopte:
Esteban tiene 10 meses, está enfermo y fue abandonado por su madre
Miércoles 1 de abril de 2009

Hay gestos que, por su incondicionalidad en el amor, cambian vidas, cimentan un nuevo futuro y, a partir de esa acción, mejoran a toda una comunidad. Ese acto de amor y de entrega es el que ansía Esteban, un bebe de diez meses que espera ser adoptado como hijo y compartir su vida con una familia que lo ame tal cual es.

Aquello que le falta a Esteban no es otra cosa que la contención de un hogar, con el amor certero de unos padres y los estímulos y cuidados que pueden determinar su progreso y sus potencialidades, además de acercarle un nuevo futuro.

Esteban fue abandonado por su madre al nacer en un hospital público de la Capital y, al tiempo, contrajo meningitis bacteriana.

Las secuelas con las que lo marcó la enfermedad son hidrocefalia, hipoacusia y hemiparesia (debilidad en la musculatura en el lado izquierdo de su cuerpo).

Pero, gracias a la atención de un destacado equipo de profesionales médicos, hoy Esteban responde a estímulos, se conecta con la mirada y con las caricias, sonríe, juega, balbucea y recibe alimentación semisólida. Su progreso puede tener un muy buen pronóstico si encontrara padres dispuestos a amarlo, estimularlo y a favorecer su socialización.

En diálogo con La Nacion, Fabiana Isa, jefa del Departamento de Adopciones de la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (Sennaf) explicó: "No queremos que Esteban continúe institucionalizado, no es bueno para su desarrollo. Apostamos a que pueda tener una vida de amor como hijo, así su calidad de vida será otra y ello, en gran parte, podrá determinar su progreso físico".

Un centenar de chicos

Si su futuro depende del amor y de la entrega que almas generosas puedan prodigarle, como Esteban hay actualmente en la Capital cerca de un centenar de chicos con enfermedades genéticas, VIH y dificultades motoras, entre otras, que esperan poder crecer y desarrollarse en un núcleo familiar.

"Cuando estos chicos son adoptados y reciben amor y cuidados, su evolución física es tan favorable que deja sorprendidos hasta a los propios médicos", cuenta Isa. "La experiencia nos muestra que, en estos casos, apostar a la familia es la más eficaz de las medicinas".

En los últimos dos años, cerca de 40 chicos con capacidades especiales o con diversas enfermedades fueron adoptados por familias porteñas. Según varios testimonios recogidos por La Nacion, ellos les mostraron a sus padres otra cara de la dimensión del amor y la retroalimentación en el afecto fortaleció al propio grupo familiar.

"Esas familias siempre lamentan no haberse enterado antes de las posibilidades que existen en materia de adopción. Es gente que se siente gratificada como padres, no sólo por el amor que reciben, sino por lo trascendente que es ser el motor, razón del progreso físico de alguien", apunta Isa.

Las familias interesadas en adoptar a Esteban y en requerir mayor información pueden realizar las gestiones telefónicamente a los números 4338-5820 y 4338-5800, interno 6012, de lunes a viernes, de 10 a 16.

leyendo el libro de Pilar Arias, uno de sus capítulos habla sobre ser mamá de un hijo discapacitado. Busqué el texto en su formato original, y lo quería compartir con ustedes:

" Bienvenidos a Holanda" de Emily Pearl Kingsley

A menudo me piden que describa la experiencia de criar a un niño con una discapacidad, que intente ayudar a la gente que no han compartido esa experiencia única a imaginar cómo se sentirían. Es así...
Cuando vas a tener un bebé es como planear unas vacaciones fabulosas en Italia. Compras un montón de guías y haces tus maravillosos planes. El Coliseo. El David de Miguel Ángel. Las góndolas de Venecia. Puede que aprendas algunas frases útiles en italiano. Es todo muy emocionante.
Después de meses de ansiosa anticipación, finalmente llega el día. Preparas tus maletas y allá vas. Varias horas más tarde el avión aterriza. La azafata viene y dice: "Bienvenido a Holanda".
- ¿Holanda? - dices -. ¿Cómo que Holanda? Yo me embarqué para Italia. Se supone que estoy en Italia. Toda mi vida he soñado con ir a Italia.
- Pero ha habido un cambio en la ruta de vuelo. Han aterrizado en Holanda y aquí se debe quedar.
Lo importante es que no te han llevado a ningún lugar horrible, asqueroso y sucio, lleno de pestilencia, hambruna y enfermedad. Simplemente es un sitio diferente.
Así que tienes que salir y comprarte nuevas guías. Y tienes que aprender una lengua completamente nueva. Y conocerás a un grupo entero de gente que nunca habrías conocido.
Simplemente es un sitio diferente. Camina a un ritmo más lento que Italia, es aparentemente menos impresionante que Italia. Pero cuando, después de haber estado un rato allí, contienes el aliento y miras alrededor, empiezas a notar que en Holanda hay molinos de viento. Holanda tiene tulipanes. Holanda tiene incluso Rembrandts.
Pero todo el mundo que conoces está muy ocupado yendo y viniendo de Italia y todos presumen muy alto de qué maravillosamente se lo han pasado en Italia. Y, durante el resto de tu vida, dirás "Sí, ahí era donde se suponía que yo iba. Eso es lo que había planeado."
Y ese dolor nunca, nunca, nunca, se irá, porque la pérdida de ese sueño es una pérdida muy importante.
Pero si te pasas la vida quejándote del hecho de que nunca llegaste a Italia, puede que nunca tengas libertad para disfrutar de las cosas, muy especiales, maravillosas, de Holanda

Acá va la historia de una mamá que se animó a ir a Holanda
"Fue lo mejor que hice en mi vida"

"Siempre quise ser madre. Y cuando pude serlo biológicamente las parejas no fueron las adecuadas o mi cabeza estaba en otra cosa. Al cumplir los 40 comencé a preguntar por tratamientos de fertilización, pero eran carísimos", se sincera Marta Benítez (48 años, analista de calidad en un laboratorio). Así fue como llegó a la adopción. Se anotó en el Registro y se dio cuenta de que para tener éxito tenía que decir que sí a todo lo que el resto dice que no: chicos grandes, enfermos, con hermanos. A los dos años la llamaron: había un chico de 3 años "hipoacúsico y con retraso madurativo". Marta lo aceptó sin dudarlo y lo primero que hizo fue someterlo a montones de revisaciones médicas. Resultó que el chico no tenía nada: sólo otitis mal curadas y una profunda miopía. Al no ver ni escuchar, todo se le complicaba, pero no había compromiso neurológico. "Había estado mal cuidado, sin atención, le faltaba estimulación", dice Marta. Víctor hoy tiene 5 años y va a un jardín de San Telmo. "Fue una gran apuesta. Fue lo mejor que hice en mi vida".
http://www.clarin.com/diario/2009/03/29/sociedad/s-01886997.htm